Internacional: imperdible crónica sobre la hinchada de un club español.

“Carmen se queda”: una barra futbolera, combativa y solidaria

                                                        Sólo parahinchas. El caso del Rayo Vallecano

 Han corrido ríos de tinta sobre notas policiales referidas a las llamadas barras bravas. En tiempos de crisis capitalista, donde los negocios siempre están ligados a la corrupción, el tema, periodísticamente, es un gancho por demás atractivo y se ha hecho uso y abuso de las conductas de las barras. El tema de hoy pretende arrojar también otra mirada sobre las mismas.
El Rayo Vallecano es un  viejo club de fútbol (93 años) del sudeste de Madrid,  de la segunda división de la Liga española. La población, Vallecas,  donde está su estadio, es un enclave tipo segundo cordón del GBA, hoy con un alto índice de desocupación.
Hace 25 años  (1992) el club se privatizó, lo compró Martín Presa un empresario vinculado al Opus Dei. Allí nació -con esta privatización- una nueva “barra” que, de a poco, ha ido trascendiendo entre los que amamos el fútbol y que ya tiene un reconocimiento internacional. Los Bukaneros –así se llaman- se fundaron  defendiendo la estructura de su club como entidad social,  cuestionando a su dueño y resistiéndose a convivir con una sociedad anónima. Con el correr del tiempo le fueron dando un contenido político a su organización.
No lucran con el sentimiento futbolero, no reciben entradas de favor y tienen mucha honra de esto. Hacen colectas para que entren los que no pueden pagar la entrada, y campañas contra el racismo: son declaradamente anti fascistas. Se preocupan por los vecinos afectados por hipotecas. También sufren persecución por cómo piensan, por ser de izquierda, pero dan pelea a su manera.
En las tribunas de los Bukaneros sus banderas son siempre una declaración política. Los textos de las mismas son discutidos en las reuniones de la hinchada. En tiempos de las redes sociales se han empezado a vincular con otras hinchadas similares a ellos como el St. Pauli, un club de la Segunda división alemana, tan antifascistas como ellos. O  los del Livorno italiano. Y con los hinchas del Cádiz, un equipo al que siguen los obreros del puerto andaluz.
Hace tres años los Bukaneros produjeron un hecho conmovedor.
Carmen una  vecina de Vallecas de 85 años  hincha del Rayo, fue desalojada después de estar viviendo cinco décadas en el mismo inmueble. Su hijo, que  quedó desocupado había solicitado 70.000 euros a un prestamista particular y su aval era la casa de su madre, quien con una pensión de poco más de 600 euros al mes tampoco podía pagar la deuda y se produjo la orden del desalojo.
El nieto de Carmen llevó el problema a la hinchada y se resolvió ayudarla con una campaña política y económica. Primero aparecieron las banderas que no expresaban caridad sino una denuncia política: “Carmen se queda”. “Desahucios  (desalojos) de un Estado enfermo, solidaridad de un barrio obrero”. Primero  juntaron 18.000 euros  luego 24.000 y asumieron el compromiso de pagar el  alquiler de Carmen  hasta que  llegue una ayuda institucional.  La noticia se coló entre las notas futbolísticas de España que, como cada fin de semana, tuvieron  a Messi y a Ronaldo como centro. La ayuda de la hinchada  a Carmen sigue, la ayuda institucional aun no llegó.
La historia de Carmen es sólo una pequeña pintura de las acciones de esta “barra”. A principios de este año los Bukaneros volvieron a ser noticia en el fútbol español. Lograron con una campaña política  hacer retirar la contratación del jugador ucraniano Roman Zoluzya, acusado de neonazi. “No es una cuestión de ideologías o de pensamiento,- decía  el comunicado de Bukaneros –  va más allá: el jugador ucraniano (nada del otro mundo, por cierto) ha empuñado armas, ha donado dinero a los batallones fascistas, luce sus símbolos y ha manifestado en numerosas ocasiones su apoyo activo a la ultraderecha de su país, para quien es su símbolo”.
La lucha abierta por la hinchada del Rayo es toda una lección para aquellos que combatimos a las barras ligadas a los empresarios futbolísticos. Nos marca un método de cómo enfrentar los atropellos de las direcciones de los clubes: con la organización independiente de los hinchas contra las mafias que lucran con el deporte. (Fuente: Prensa Obrera. Edición y título: nuestros).
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