El pacto con el FMI y su lado B

Trabajadores y jubilados pagarán el rescate de banqueros.

Por Marcelo Ramal

El acuerdo con el FMI sólo es un respaldo –en cuotas­– de los pagos de capital e intereses de deuda de Argentina en el próximo año y medio, a cambio de un brutal ajuste dirigido a rescatar a la banca que viene lucrando con la quiebra del Banco Central. Más allá de este salvataje, el acuerdo con el FMI acentuará todas las contradicciones del proceso económico, y prepara las condiciones de una crisis mayor.

Rescate… de los banqueros 

El paquete anudado con el Fondo Monetario se propone una “recapitalización” del Banco Central que, naturalmente, no pasa por gravar al capital financiero que ha obtenido beneficios fabulosos a costa de la quiebra del Banco. El FMI obliga al Tesoro a rescatar cerca del 40% de las Lebacs emitidas por el BCRA, o sea 25.000 millones de dólares. Para ello, deberá cancelar anticipadamente las letras intransferibles –por unos 10.000 millones– que le entregó al Banco a cambio de los pesos que financiaron el déficit fiscal. Con la devolución de esos fondos, el BCRA, a su turno, rescataría esa parte de las Lebacs. Pero ¿de dónde saca el Tesoro los recursos? Pues esa cifra de 10.000 millones de dólares coincide aproximadamente con los 240-250.000 millones de pesos de reducción del déficit fiscal impuesta por el FMI para 2018-2019. Como ese ajuste no alcanza, el Tesoro deberá emitir también nueva deuda en pesos.

Respecto del costo de este nuevo endeudamiento, se ha revelado en estas horas que “el Central y el FMI pactaron que se mantendrán las súper tasas” (P.Wende, Infobae, 9/6). Su objetivo, por un lado, frenar al dólar; y, luego, controlar el traslado de la devaluación a los precios por la vía de una fuerte recesión. Pero finalmente, estas tasas elevadas harán de incentivo para que el Tesoro pueda retomar un endeudamiento en pesos, y devuelva los fondos al Banco Central.

El gobierno ha presentado a esta política como un rescate del BCRA. Pero teniendo en cuenta que lo que serán rescatados son los pagarés que el Central le entregó a los bancos privados, y cuya renovación se fue tornando incierta, la conclusión es otra: el rescate fondomonetarista es un gran salvataje de la banca privada con fondos colocados en Lebacs –ello, luego de que esa banca ganara fortuna con su renovación a tasas y usurarias, y que el Estado les asegurara la última renovación a un interés anual equivalente del 40%. Si se tiene en cuenta que esos fondos vendrán del brutal ajuste fiscal y de un nuevo endeudamiento usurario, la conclusión es clara: el dinero de jubilados, maestros, estatales, los recortes a la obra pública y el recorte a las provincias financiarán el rescate de los banqueros. Por otra parte, se agravará la recesión, la tendencia a la bancarrota industrial y los despidos. Nada indica que el mercado internacional compense este derrumbe en puertas.

Un megarescate… que no alcanza 

Se ha señalado que los 50.000 millones de dólares prestados por el FMI equivalen aproximadamente a los vencimientos por capital e intereses de deuda que tendrá que afrontar la Argentina de aquí a finales de 2019. La plata del Fondo, por lo tanto, sólo obra como una garantía para los acreedores internacionales de Argentina. A tal punto que, para asegurar ese objetivo, los fondos serán depositados en una cuenta del Tesoro en Nueva York –o sea, lejos del Banco Central y de sus necesidades de financiar un déficit de cuenta corriente con el exterior que algunos calculan entre 30.000 y 40.000 millones de dólares de acá al final del mandato de Macri. ¿Cómo será cubierta la diferencia? Los columnistas económicos señalan que “la esperanza del oficialismo es que capitales especulativos quieran volver a apostar a la bicicleta financiera argentina y que el mercado internacional de crédito se reabra para la emisión de deuda pública y privada” (Página 12, 10/6). Es interesante ver, sin embargo, qué crédito le da a esta salida un economista afín al macrismo.

Fernando Navajas coincide en que “el meollo del problema (…) es el restablecimiento del financiamiento voluntario de un fenomenal déficit de cuenta corriente, en un mundo que se vuelve hostil a los emergentes y con Brasil caminando al abismo político” (infobae, 10/6). “El temor mío –continúa Navajas– es que (si no se reanuda el financiamiento externo) eso lleve a una devaluación a fin de año que será más problemática que ahora en materia de decisiones, por los tiempos políticos”. Pero teniendo en cuenta la dolarización de tarifas, el economista caracteriza que “con otra devaluación, se arma un cóctel que manda a terapia intensiva todo el sector de energía y de obras de infraestructura, porque los senderos de aumento que se anunciaron pasan a no ser sostenibles. De hecho, ya no lo son”. El economista, defensor de la ´desregulación de tarifas´, las descarta, sin embargo, por inviables.

Es que sólo por la devaluación del mes pasado, la tarifa del gas debiera aumentar un 70% y las naftas un 40%. El gobierno ha arbitrado –a costa de una crisis con Aranguren y las petroleras– por aproximadamente la mitad de esos aumentos. Pero ante una nueva devaluación, los analistas del macrismo temen, o un estallido social, o una crisis con las petroleras.

El debate sobre el futuro inmediato del proceso económico demuestra los límites del acuerdo con el FMI: el gobierno ha jugado sus fichas a renovar un financiamiento internacional cada vez más incierto, y al cual también está jugada la burguesía que busca reciclar su propia deuda privada. Si ello fracasa, el gobierno no podría evitar una nueva megadevaluación, y el derrumbe anticipado de su esquema económico (dolarización de tarifas, libertad de movimientos de capitales y divisas con el exterior). Al pactar con el FMI, el macrismo ha puesto en marcha una tentativa de confiscación a gran escala, cuyo alcance, en términos de salida, hasta sus propios defensores colocan en tela de juicio. Es necesario que los trabajadores le impriman a la crisis su propia salida, en defensa del salario, del derecho al trabajo, y a costa de los banqueros y privatizadores. (Fuente: Prensa Obrera).

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