Editorial. El derecho a la vida: desde cuándo se protege (Por Juan “Juglar” Medina para Rafaela Informa)

El derecho a la vida: desde cuándo se protege

La libertad de vivir y su correlativo derecho a la vida imponen al Estado y a los individuos el deber de respetar un bien tan trascendente, cuya valoración supera holgadamente a las restantes libertades y derechos.

Se trata de un atributo inseparable de la persona humana que, condiciona su existencia con el consecuente desenvolvimiento espiritual y material. Sin vida no hay libertad ni posibilidad de ejercer los derechos naturales que conforman la esencia de la personalidad, ni tampoco la amplia gama de potestades reconocidas por la ley positiva.

En realidad “sin vida no existe el hombre, de modo que no resulta aventurado sostener que ella, más que un derecho, constituye una cualidad inseparable de la condición humana y presupuesto indispensable para su existencia” (Badeni, Gregorio. El Derecho constitucional a la vida. Abeledo Perrot. 1993 p. 29).

El derecho a la vida debe ser entendido en su más amplio sentido conceptual “no sólo lo relativo a lo meramente físico y material, sino a todos los aspectos y proyecciones de la personalidad del individuo” (Linares Quintana, Segundo V. Tratado de la Ciencia del Derecho Constitucional. t. IV. p. 325, Ed. Plus Ultra, 1987).

Ahora bien, es cierto que nuestra Norma Fundamental no contiene una disposición expresa que consagre el derecho a la vida.

No obstante su fundamento constitucional se encuentra en la cláusula residual del art. 33 donde se establecen los derechos implícitos no enumerados.

La Constitución de la Provincia de Santa Fe, también consagra este derecho implícito en su art. 6to.: “Los habitantes de la Provincia, nacionales y extranjeros, gozan en su territorio de todos los derechos y garantías que les reconocen la Constitución Nacional y la presente, inclusive la de aquellos no previstos en ambas y que nacen de los principios que las inspiran”.

Sin perjuicio de lo dicho, conviene recordar con la doctrina que “los derechos que acuerda la Constitución son derechos que valen ante todos y ante cualquiera, no sólo ante el Estado, sino ante los demás hombres. La Constitución no impone limitaciones únicamente al primero, no defiende sólo al particular de los excesos de poder público y lo deja inerme frente a los que emanan del ámbito privado. Si como estatuto supremo regula la convivencia jurídica en el Estado, marca límites donde debe detenerse toda transgresión” (Bidart Campos, Germán. Derecho de amparo. Buenos Aires. Ediar. 1961, p. 41/42).

Entre ellos destacamos dos: en primer lugar la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) que dice que se debe proteger la vida “…en general desde la concepción”. Por su parte la Convención sobre los Derechos del niño, considera tal “a todo ser humano menor de dieciocho años…” (art. lero.).

Nuestro país por ley 23849 formuló una reserva señalando que para “la República Argentina… se entiende por niño a todo ser humano desde la concepción y hasta los dieciocho años”.

Sintetizando lo dicho hacemos nuestra la siguiente conclusión: “…el derecho a la vida no significa vivir solamente hoy, vivir un período determinado, sino toda la vida, desde la concepción hasta la muerte. Implica fundamentalmente, el derecho a la continuidad de la vida, incluye el derecho a oponerse a su interrupción en cualquiera de sus extremos y en cualquier segmento”. (Ghirar-Di, Olsen A. La persona humana antes del nacimiento” en Anales de la Academia Nacional de D. y Cs. Soo. de Cba. t. XXX, año l99l.v. 1. p. 11-2).

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