Pico histórico de femicidios en el país: el drama de los asesinatos de travestis que siguen impunes.

Entre fines de enero y comienzos de febrero hubo tres crimenes, la cifra es la mitad de lo que reconoce el Estado para todo el año 2017. La recompensa por el prófugo del caso Sacayán, estigmas después de la muerte y falta de perspectiva judicial.

Diana Sacayán: uno de sus asesinos fue el primer condenado por travesticidio en el país.

Nadie sabe hasta hoy quién es el otro asesino de Diana Sacayán, la dirigente trans atacada en octubre de 2015 en su departamento de Flores. Gabriel David Mariño, un joven de Morón de 25 años que era su pareja ocasional en aquel entonces, fue condenado en junio de 2018 a cadena perpetua en un fallo histórico del Tribunal Oral Criminal Nº4, el primer fallo judicial por travesticidio en la historia del país, que estableció al crimen de Diana como un crimen de odio de género. El ensañamiento de los asesinos contra Diana fue particularmente brutal: de 27 lesiones que la autopsia realizada en la morgue judicial porteña detectó en su cuerpo, 13 eran puñaladas. Su departamento estaba destrozado, sus matadores le robaron 20 mil pesos antes de irse, había un martillo y una tijera, un cuchillo de cocina ensangrentado y la puerta rota.

Marino llegó a decir cosas aberrantes en su indagatoria. “Estoy escrachado en todos lados por asesinar a un puto”, aseguró ante los investigadores. Sin embargo, Mariño jamás entregó a su cómplice, jamás “cantó”. Los encargados de investigar la muerte de Diana, en una causa instruida por el fiscal Matías di Lello y la UFEM -el ala de la Procuración dedicada a investigar hechos de violencia de género-, no saben quién es, a más de tres años del crimen.

Esta semana, el Ministerio de Seguridad lanzó una recompensa: medio millón de pesos para quien aporte datos que lleven a su captura, la misma cifra que se ofrece hoy por Tito Escobar Ayllón, el taxista peruano acusado de violar a una joven en abril de 2015 que sigue prófugo hasta hoy.

Enero fue un mes particularmente brutal en cuanto a femicidios: 22 casos contabilizados en todo el país de muertes violentas de mujeres cis, entre los cuales se encuentran Pyria Saroussy y Lily Pereg, las turistas israelíes presuntamente asesinadas por Gil Pereg, hijo de Lily; Valeria Coppa, de 39 años, supuestamente muerta a tiros por su ex pareja en Bariloche; Agustina Invimkelried, golpeada y enterrada viva en Gálvez, Santa Fe, su femicida se suicidó con la Policía provincial en su puerta, ahorcado en una viga en su casa. Los casos de violencia doméstica también aumentaron fuertemente, 1473 denuncias en la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema, 18 por ciento más que en enero del año pasado. 

Esta semana, el Ministerio de Seguridad presentó su informe sobre femicidios con estadísticas de 2017, 25 casos para enero de aquel año, una cifra que incluye travesticidios.

Según el mismo informe, hubo seis travesticidios en el país en todo el año 2017.Organizaciones de activismo trans y LGBT contabilizaron cuatro casos en los primeros cinco meses de 2018.

2019 es mucho peor: ya hubo tres casos de travesticidio registrados entre fines de enero y comienzos de febrero, la mitad en tan solo un mes de lo que el Estado argentino reconoce para todo un año.

Estos crimenes se suman a otras siete muertes de mujeres transgénero en todo el país registradas por organizaciones LGBT por motivos como complicaciones por HIV, en un promedio de vida que no supera los 40 años de edad, otro claro signo de violencia que demuestra la particular vulnerabilidad histórica del colectivo.

De vuelta a los crímenes, el mes de febrero comenzó con el travesticidio de Laly Rufino Heredia, ocurrido en la madrugada del domingo 3 en el Camino de Cintura, un asesinato definido por su saña y por su mensaje disciplinante.

Laly, de 37 años, murió de un solo tiro que le entró por el costado derecho de la cintura. La Policía Bonaerense encontró sin embargo ocho vainas servidas en el suelo; las balas habían impactado en un árbol cercano, en una chapa, en una reja, lo que da a entender que no fue ejecutada de pie, que Laly corrió escapando de los disparos.

Oriunda de Perú, con DNI argentino, Laly se dedicaba a la prostitución. Tenía un novio argentino, un hombre de Morón con el que convivía en esa zona, que le contó a la Policía Bonaernese que Laly se prostituía en el Camino de Cintura hacía cuatro años, que no sabía si alguien la acosaba, la perseguía, intentaba extorsionarla. No murió en un intento de robo: su cartera estaba junto a ella.

En 2017, de acuerdo a cifras oficiales, Salta lideró la estadística nacional con 23 femicidios y travesticidios, la tasa más alta del país. Santiago del Estero le sigue en la lista con 15 hechos, una diferencia dramática. La violencia extrema para matar a travestis suele ser la norma a lo largo del país. L.D.A, asesinada en octubre de 2018 en Rosario sobre la calle Mitre entre Gálvez y Virasoro, a tan solo media cuadra del Centro de Justicia Penal de la ciudad santafesinase encontraba en un estado grotesco: estaba recostada sobre un colchón, tenía su rostro golpeado, el cuello con señales de estrangulamiento no por una soga o por un tirante, sino por un pantalón.

FUENTE:INFOBAE

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