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title: "La seguridad que dejó la gestión anterior en Rafaela: 52 homicidios, balaceras en los barrios y cámaras colgadas del alumbrado"
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description: "Durante décadas Rafaela acumuló homicidios, balaceras, crecimiento del narcomenudeo y barrios atravesados por la violencia. Frente a semejante deterioro, la respuesta oficial quedó muchas veces reducida a medidas precarias y sin una estrategia capaz de anticiparse al delito. Quienes tuvieron responsabilidades directas en aquella etapa deberían explicar primero sus resultados antes de presentarse hoy como referentes en seguridad."
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  - "Estadisticas"
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# La seguridad que dejó la gestión anterior en Rafaela: 52 homicidios, balaceras en los barrios y cámaras colgadas del alumbrado

Hay una diferencia enorme entre hablar de seguridad y haber tenido que gestionarla cuando la ciudad la necesitaba.

Rafaela estuvo durante 32 años gobernada por administraciones peronistas. En ese largo período la ciudad cambió, creció y también vio cómo determinados fenómenos delictivos se instalaban con una profundidad que después resultó dificilísima de revertir.

El narcotráfico avanzó sobre barrios y sectores vulnerables. Aparecieron puntos de venta, estructuras de narcomenudeo, disputas territoriales y una violencia que dejó de ser excepcional. Hubo años en los que escuchar disparos durante la noche dejó de sorprender en determinados sectores.

Y eso no ocurrió de un día para otro.

**Cuando la violencia dejó de ser una**excepción

El punto más dramático quedó reflejado en los homicidios. En 2015, Rafaela llegó a registrar 12 asesinatos en un solo año.

Más adelante, entre 2019 y 2023, la ciudad volvió a atravesar un período especialmente delicado. Durante esos años se consolidaron grupos vinculados a balaceras, amenazas y hechos de extrema violencia que golpearon a distintos barrios.

2 de Abril, Barranquitas, Zazpe, Güemes y Villa Dominga fueron algunos de los sectores donde vecinos tuvieron que convivir con episodios armados que alteraron para siempre la tranquilidad cotidiana.

Hubo familias que aprendieron a alejarse de las ventanas cuando empezaban los disparos. Vecinos que naturalizaron escuchar detonaciones. Casas atacadas. Jóvenes utilizados por estructuras criminales. Miedo.

Ese es también el balance que debe hacerse cuando se evalúa una política de seguridad.

Porque la seguridad no se mide por la cantidad de reuniones realizadas ni por los discursos pronunciados. Se mide por lo que pasa en la calle.

**La seguridad no puede improvisar**

En ese contexto, resulta inevitable recordar algunas decisiones que simbolizan la precariedad con la que se abordó el problema.

Una de ellas fue la instalación de cámaras lectoras de patentes sujetas a estructuras vinculadas al alumbrado público, una modalidad que generó cuestionamientos por las condiciones técnicas en las que se había ejecutado.

Equipos que debían ser herramientas modernas para detectar vehículos buscados, seguir movimientos sospechosos y aportar inteligencia criminal terminaron convirtiéndose en una postal bastante gráfica de aquella política: tecnología de seguridad instalada sin la infraestructura que semejante sistema requería.

Una cámara no combate el delito por el simple hecho de estar colgada.

Necesita alimentación eléctrica segura, conectividad estable, mantenimiento, monitoreo permanente, integración con bases de datos y, fundamentalmente, una estrategia detrás.

Sin todo eso, es apenas un aparato mirando una esquina.

**Treinta y dos años también generan responsabilidades**

Sería simplista atribuir todos los delitos de Rafaela a una administración municipal. La seguridad pública es una responsabilidad compartida, con competencias fundamentales de la Provincia, la Policía, la Justicia y el Ministerio Público de la Acusación.

Pero sería igualmente absurdo sostener que quienes gobernaron durante décadas no tienen ninguna responsabilidad política sobre el deterioro que ocurrió delante de sus ojos.

Un gobierno local puede reclamar, prevenir, invertir, urbanizar, iluminar, controlar, generar información, intervenir tempranamente en territorios vulnerables y exigir respuestas a la Provincia.

Y cuando administra una ciudad durante 32 años, ya no puede argumentar que todos los problemas fueron heredados.

En algún momento, la herencia pasa a ser propia.

**Antes de dar clases, hay que rendir cuentas**

Por eso resulta llamativo escuchar hoy recetas de seguridad provenientes de algunos de quienes ocuparon lugares centrales durante aquellos años.

En particular, quienes tuvieron responsabilidades específicas en prevención entre 2019 y 2023 deberían ser los primeros interesados en explicar qué funcionó, qué fracasó y por qué Rafaela atravesó durante esa etapa algunos de sus momentos más violentos.

La discusión no debería reducirse a nombres ni partidos. Debería ser mucho más incómoda: ¿qué se hizo cuando las bandas comenzaban a consolidarse?, ¿qué herramientas se utilizaron?, ¿por qué no alcanzaron?, ¿qué señales se ignoraron?

Porque gobernar también significa hacerse cargo de lo que no salió bien.

Y antes de transformarse en profesor de seguridad, cualquiera que haya ocupado responsabilidades públicas tiene una obligación anterior y mucho más elemental: rendir cuentas sobre la seguridad que dejó.

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