
Separar residuos importa. Y ensuciar la ciudad también es una decisión
Redacción
Rafaela cuenta desde hace años con un sistema de recolección y tratamiento de residuos que es referencia a nivel nacional. Separación en origen, cronogramas diferenciados, Eco Puntos, Complejo Ambiental, campañas sostenidas y trabajadores que todos los días cumplen su tarea para mantener la ciudad limpia. Aun así, persiste una contradicción difícil de justificar: hay vecinos que siguen eligiendo ensuciar.
La frase se repite como excusa: “total después se junta todo”. Es falsa, pero sobre todo cómoda. Porque separar residuos no es un gesto simbólico ni una moda ambientalista. Es una herramienta concreta que reduce contaminación, permite recuperar materiales y evita que toneladas de basura terminen enterradas o dispersas en el ambiente.
Separar sirve. Aunque no se vea. Aunque no todos lo hagan. Aunque implique cambiar hábitos. En Rafaela, los residuos recuperables se clasifican y se procesan. Lo que no se separa se pierde. Y lo que se arroja donde no corresponde se transforma en un problema colectivo.
El escenario más preocupante no está solo en el canasto mal usado, sino en los basurales improvisados: restos de poda, escombros, bolsas domiciliarias y residuos arrojados en caminos rurales o en sectores de la ciudad como si fueran tierra de nadie. No lo son. Y no hay desconocimiento que justifique esa conducta cuando existen alternativas claras, accesibles y sostenidas en el tiempo.
Tirar basura no es un descuido: es una decisión. Una decisión que genera focos de contaminación, atrae roedores, degrada el paisaje, afecta la salud y obliga a destinar recursos públicos —que salen del bolsillo de todos— para limpiar lo que nunca debió ensuciarse.
Mientras tanto, hay trabajadores que cumplen horarios, vecinos que respetan el cronograma, instituciones que promueven el reciclado y una ciudad que invierte en infraestructura ambiental. El contraste es evidente.
Cuidar Rafaela no es solo reclamar servicios eficientes. También es asumir responsabilidades mínimas. Separar los residuos, sacarlos en horario, usar los Eco Puntos y no arrojar basura en cualquier lado no es un favor ni un gesto heroico: es convivencia básica.
Una ciudad limpia no se construye solo con camiones, ordenanzas o campañas. Se construye —o se arruina— con decisiones cotidianas. Y en eso, ya no hay margen para excusas.
Separar importa. Respetar el espacio común también. Porque una ciudad que se cuida empieza por quienes la habitan.


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