
Pirotecnia sonora: cuando el festejo mata
Redacción
Almendra tenía apenas tres años. Había sido rescatada de un campo y cargaba con miedos que nunca terminó de dejar atrás: los ruidos fuertes, las tormentas, la pirotecnia. Todo lo que estallara sin aviso le generaba pánico. Ese miedo, el mismo que la ley intenta evitar, terminó matándola.
El 1° de enero de 2026, apenas iniciado el año, la pirotecnia sonora volvió a sonar como si nada estuviera prohibido. Como si no hubiera ordenanzas, campañas, advertencias ni empatía. En medio de ese estruendo, Almendra escapó de la quinta sin que nadie lo advirtiera. A las 0.11, una amiga que vive a la vuelta dio el aviso: la perra estaba herida, con las cuatro patas peladas y sangrando.
Fue llevada de inmediato con ayuda de un veterinario amigo. Recibió curaciones y fue trasladada al dormitorio para que pudiera descansar. Pero el daño ya estaba hecho. No era solo físico. Almendra estaba desbordada de miedo, en un estado de agitación extrema, con un terror imposible de calmar.
Durante horas fue controlada. No se tranquilizaba. Cerca de las 3 de la madrugada, su respiración comenzó a fallar. Su corazón no respondía. Minutos después, dejó de respirar. El corazón se detuvo.
Almendra no murió “de vieja”. No murió enferma. No murió por un descuido. Murió de miedo. Murió por una práctica que está prohibida y que muchos eligen ignorar cada año, amparados en la impunidad, la costumbre o el egoísmo.
La pirotecnia sonora no es tradición. No es festejo. No es inocente. Provoca daño real en animales, en personas con autismo, en adultos mayores, en quienes sufren trastornos de ansiedad. Y a veces, como en este caso, mata.
Cada estallido tuvo responsables. No abstractos. Concretos. Porque sabían que está prohibido. Porque sabían el daño que provoca. Y aun así lo hicieron.
Almendra tenía nombre. Tenía historia. Tenía miedo. Y no sobrevivió al “festejo” de otros.
Que no se naturalice.
Que no se relativice.
Que no se vuelva a callar.
Porque cuando suena la pirotecnia, alguien siempre paga el precio.


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