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Almirante Brown cerró 2025 con calma en la tabla y peso propio fuera de la cancha

Mientras el equipo aseguró la permanencia sin sobresaltos en la Primera Nacional, el club consolidó poder institucional, obras y vínculos que lo posicionan por encima de su categoría.

Deportes17/01/2026RedacciónRedacción
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En Isidro Casanova, el balance de 2025 dejó una certeza que va más allá de los resultados deportivos: Almirante Brown logró atravesar un año complejo del ascenso sin urgencias futbolísticas y con una estructura política e institucional que sostuvo cada decisión importante.

En lo estrictamente deportivo, el equipo cumplió. Sin campañas épicas ni aspiraciones desmedidas, la prioridad fue evitar el desgaste de pelear abajo. Con un torneo largo y áspero, la estrategia fue clara: estabilidad, continuidad y orden. El resultado fue una temporada sin zozobras, con margen respecto a los últimos puestos y la aparición de algunos juveniles que empezaron a proyectarse como activos del club.

Ese presente en la cancha no se explica solo por lo que ocurre los fines de semana. Detrás hubo una conducción que eligió reducir conflictos internos y apostar a la planificación. Mientras otros clubes se consumían en crisis dirigenciales, Almirante bajó el perfil, sostuvo un rumbo y garantizó previsibilidad.

En el plano institucional, el club volvió a mostrar fortaleza. La conducción encabezada por Maximiliano Levy mantuvo control total del escenario interno, sin disputas visibles ni tensiones electorales. Esa estabilidad permitió avanzar en decisiones estratégicas, acuerdos y obras sin el ruido habitual del ascenso.

El entramado de poder que rodea al club sigue siendo una de sus principales cartas. La articulación con el mundo sindical, especialmente a través de vínculos con la UOM local, aporta respaldo territorial y social. Almirante no es solo un equipo de fútbol: funciona como espacio de referencia comunitaria para amplios sectores de La Matanza, donde deporte, trabajo y pertenencia se cruzan de manera natural.

A nivel nacional, el club continúa alineado con la conducción de la AFA. Esa cercanía se tradujo en visibilidad, patrocinadores de peso y capacidad de negociación que excede la categoría en la que compite. En 2025, Brown se movió con lógica de club grande, aun jugando en la Primera Nacional.

El crecimiento también se ve en el cemento. El último año dejó avances significativos en infraestructura: mejoras en el predio, nuevas instalaciones deportivas y proyectos de mayor escala que apuntan a convertir al complejo en una plataforma integral. La articulación con el municipio terminó de reforzar ese perfil, consolidando al club como actor social y aliado territorial.

Así, Almirante Brown cerró 2025 sin títulos ni épica deportiva, pero con algo igual de valioso en el fútbol argentino: orden, poder y proyección. En una categoría donde muchos sobreviven al día, el aurinegro volvió a demostrar que sostenerse también es una forma de ganar.

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