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Cierra una zapatería histórica del centro y expone el deterioro cotidiano que empuja a irse

Tras casi 70 años de historia, la responsable de Zapatería Martita confirmó que el comercio bajará la persiana en marzo. Inseguridad persistente, un entorno cada vez más hostil y decisiones urbanas que alejan a la gente del centro, en el centro de su testimonio.

Locales02/02/2026RedacciónRedacción
foto para portal (3)

Después de casi siete décadas de actividad comercial y más de tres décadas en su actual ubicación, Zapatería Martita atraviesa sus últimos meses con las puertas abiertas. Su titular lo confirmó en diálogo con el programa Reencuentro, que conduce Gerardo Zanoni por GZ Radio FM 100.7, donde puso en palabras un malestar que, según aseguró, se viene acumulando desde hace años y que en los últimos tiempos terminó de inclinar la balanza.

La comerciante explicó que la decisión de cerrar no responde a una crisis económica puntual ni a una coyuntura reciente. “Crisis hubo siempre y se superaron. Esto es otra cosa”, afirmó, al describir un proceso prolongado de deterioro del entorno urbano inmediato, especialmente en la zona de la recova frente a su local, donde —según relató— desde hace años pernoctan personas y se concentran situaciones de conflictividad.

En ese contexto, recordó hechos reiterados de vandalismo, roturas de vidrieras y episodios de inseguridad que la contribuyeron a cambiar su forma de trabajo. “Llevamos meses atendiendo con la puerta cerrada. No me gusta trabajar con llave, después de tantos años de tener el negocio abierto. Es muy incómodo y desgastante”, señaló.

La entrevistada también desmintió que la situación sea nueva o atribuible exclusivamente a la actual gestión municipal. Se definió como apolítica y aclaró que su testimonio no busca respaldar a ningún espacio, sino describir una realidad que, a su entender, se fue tapando durante años. “En la recova vive gente desde hace muchísimo tiempo. Se tapó con chapas y se miró para otro lado. Eso no protege a nadie ni soluciona nada”, sostuvo.

Más allá de los episodios de inseguridad, apuntó contra un proceso más amplio que, según su mirada, terminó expulsando al público del centro. Mencionó la falta de estacionamiento, la proliferación de cordones amarillos, la presencia permanente de cuidacoches y decisiones urbanas que desalientan la llegada de clientes, incluso de localidades vecinas. “Hace años que la gente de los pueblos dejó de venir al centro de Rafaela. Prefieren ir a otras ciudades porque acá es cada vez más difícil llegar, parar y caminar”, describió.

En ese sentido, cuestionó con dureza la política de preservación de ciertos edificios declarados patrimonio histórico que, lejos de estar conservados, permanecen abandonados. “Patrimonio es lo que se cuida y se mantiene. Lo que tengo enfrente hace décadas que es una tapera. Ahí podría haber una playa de estacionamiento o un desarrollo que le dé vida al lugar”, planteó, al tiempo que reclamó una visión más moderna y funcional de la ciudad.

La comerciante remarcó que el cierre no será inmediato: el local continuará abierto hasta marzo y luego entrará en etapa de reformas. No descartó una eventual reapertura en el futuro, aunque dejó en claro que dependerá de las condiciones del entorno. “Hoy no tengo más ganas de llegar ni de estar ahí. Eso es lo más fuerte”, resumió.

El testimonio, que surgió tras la viralización de una imagen tomada frente al comercio, terminó exponiendo una problemática más profunda. No se trata solo del cierre de un negocio tradicional, sino de un síntoma: un centro que, según quienes lo habitan a diario, se volvió incómodo, inseguro y poco atractivo. Una postal que, lejos de ser reciente, se fue construyendo con el paso del tiempo y la ausencia de soluciones de fondo.

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