
Cayó el consumo interno de vino y se profundiza la presión sobre el sector
RedacciónEl consumo interno de vino volvió a mostrar un retroceso en el arranque de 2026 y encendió nuevas señales de alerta en una actividad que depende en gran parte de las ventas dentro del país.
Durante febrero, los despachos al mercado interno alcanzaron los 504.918 hectolitros, lo que representó una caída interanual del 5,5%. En paralelo, el consumo per cápita se ubicó en 1,09 litros por habitante, con una baja del 5,7% frente al mismo mes del año pasado. En el acumulado del primer bimestre, la merma fue del 2,2% en volumen comercializado y del 2,3% en consumo por persona.
El deterioro no impactó de la misma manera en todos los segmentos. Los vinos varietales y los espumosos volvieron a exhibir las caídas más marcadas, mientras que las opciones sin mención varietal lograron sostener una mayor participación dentro del mercado. Ese movimiento deja al descubierto un cambio en la conducta de compra, con consumidores que se inclinan por alternativas de menor valor ante la pérdida de poder adquisitivo.
Así, más que una retracción uniforme, lo que aparece es una recomposición del consumo hacia productos más accesibles. El problema es que ese corrimiento también golpea la capacidad de generación de valor del sector, porque los segmentos más afectados son justamente los que aportan mayor margen y rentabilidad.
A este escenario se suma otro dato que empieza a pesar en la discusión del negocio: la competencia externa. Si bien en 2025 el volumen total importado cayó con fuerza, crecieron de manera marcada los vinos fraccionados que llegan listos para la venta final, lo que implica una mayor presión en góndola para las etiquetas nacionales.
En el plano territorial, Mendoza consolidó todavía más su predominio dentro del mercado interno, al concentrar cerca del 91% del vino comercializado, mientras otras provincias registraron retrocesos importantes. Esa dinámica profundiza la concentración y vuelve más desigual el mapa productivo de una actividad que históricamente tuvo fuerte peso regional.
El informe también advierte que la baja no puede explicarse solo por un cambio generacional en los hábitos de consumo. La caída del poder de compra aparece como un factor central para entender por qué el vino pierde terreno incluso entre los consumidores históricamente más fieles, especialmente en la franja etaria de entre 40 y 60 años.
Con este panorama, el sector vitivinícola enfrenta un doble desafío: recuperar volumen en el mercado interno y, al mismo tiempo, evitar que esa recuperación quede sostenida únicamente por productos de menor precio. Sin una mejora del ingreso real y sin condiciones más favorables para el consumo, el mercado doméstico sigue lejos de convertirse en el motor que la actividad necesita.


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