
Después de la denuncia, no hubo violencia: ¿quién agitó los disturbios anteriores?
RedacciónLos festejos por la Selección Argentina volvieron al centro de Rafaela. Esta vez, después del triunfo por 3 a 1 ante Suiza y la clasificación a semifinales del Mundial 2026, la postal fue distinta: hubo celebración, hubo alegría, hubo gente en la calle, pero no se repitieron los desmanes que habían marcado jornadas anteriores.
Y ese dato no es menor.
Porque veníamos de dos festejos empañados por la violencia. Primero, tras el partido frente a Cabo Verde. Luego, después del encuentro ante Egipto. En ambos casos, la zona céntrica de Rafaela quedó atravesada por corridas, tensión e incidentes que obligaron a intervenir a las fuerzas de seguridad. En uno de esos episodios, incluso, se utilizaron gas pimienta y munición antitumulto para dispersar y desalentar el conflicto entre grupos.
Después llegó la denuncia de la Municipalidad. El gobierno local decidió llevar el caso a la Justicia por presunta instigación, con la intención de que se investigue si esos hechos fueron espontáneos o si hubo personas que alentaron, organizaron o promovieron los disturbios.
Y entonces aparece la pregunta incómoda.
Si este sábado, con Argentina nuevamente ganando y con miles de motivos para salir a festejar, no hubo desmanes, ¿qué pasó en las jornadas anteriores? ¿Fueron apenas grupos de inadaptados actuando por cuenta propia? ¿O hubo algo más detrás de esos episodios de violencia?
La Justicia tendrá que determinarlo. No corresponde señalar culpables sin pruebas. Pero sí resulta legítimo preguntarse si detrás de ciertos hechos hubo solamente descontrol juvenil, enojo acumulado o vandalismo aislado, o si existieron sectores interesados en generar caos, instalar una imagen de desborde y golpear políticamente al gobierno local.
Porque una cosa es festejar. Otra muy distinta es romper, provocar, atacar o empujar a una ciudad al desorden.
Lo ocurrido este sábado deja una señal clara: la gente puede celebrar sin violencia. El centro puede llenarse sin terminar convertido en un campo de conflicto. Las familias, los jóvenes y los hinchas pueden apropiarse del espacio público sin que eso derive necesariamente en piedrazos, corridas o daños.
Por eso, los hechos anteriores merecen una investigación seria. No solo para identificar a quienes participaron de los disturbios, sino también para saber si alguien los alentó desde afuera, desde redes sociales o desde intereses más oscuros.
Rafaela necesita saber si estuvo frente a simples episodios de violencia callejera o ante una maniobra más compleja para desestabilizar, ensuciar los festejos y poner en tensión al gobierno local.
La denuncia ya está hecha. Ahora la Justicia deberá avanzar. Porque cuando una ciudad comprueba que puede festejar en paz, los disturbios anteriores dejan de parecer inevitables y empiezan a exigir una explicación.


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