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Tres santafesinas crean tecnología para que los cultivos rebroten y la ONU las premió por innovación

Infira nació en Santa Fe y propone una forma distinta de producir: extender la vida útil de las plantas para lograr nuevas cosechas sin volver a sembrar desde cero. La startup fue reconocida por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y su fundadora, Renata Reinheimer, recibió además el premio a mejor mujer emprendedora.
Provinciales20/07/2026RedacciónRedacción

Una empresa creada por tres mujeres santafesinas empezó a llamar la atención del mundo agropecuario y científico con una propuesta disruptiva: desarrollar tecnología para que determinados cultivos puedan rebrotar y volver a producir sin necesidad de reiniciar todo el proceso de siembra.

La startup se llama Infira, nació en 2020 en la ciudad de Santa Fe y fue fundada por Renata Reinheimer, Cecilia Arolfo y María Cecilia Nagel. Su trabajo fue reconocido por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, organismo de la ONU, que premió a la firma por su capacidad innovadora en la categoría Agro y Alimentos. Además, Reinheimer fue distinguida como mejor mujer emprendedora.

Según información publicada por La Capital de Rosario, Infira comercializa conocimiento aplicado: un paquete tecnológico que busca modificar la lógica tradicional de los cultivos anuales, aquellos que se siembran, crecen, se cosechan y luego mueren. La propuesta apunta a extender la vida útil de la planta y lograr una nueva producción a partir del rebrote.

“Vamos a cambiar la forma de realizar la agricultura, pero no hay que pensarlo de manera dramática, pueden coexistir todos los cultivos”, explicó Reinheimer, investigadora y profesora de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral.

La idea no solo promete ahorrar tiempo. También podría reducir el uso de maquinaria, insumos, agroquímicos y mano de obra. Además, al mantener vivas las raíces, contribuye a mejorar la estructura del suelo y abre una alternativa para productores interesados en regenerar sus tierras.

Veinte años de investigación

El desarrollo de Infira no surgió de un día para el otro. Reinheimer viene investigando plantas desde hace más de dos décadas, con formación en biología y biología molecular. Su pregunta inicial fue simple, pero profunda: por qué las plantas son tan distintas entre sí.

Ese interrogante la llevó a distintos laboratorios del mundo y, después de años de investigación básica, encontró una posible aplicación concreta: generar rebrotes productivos en cultivos que tradicionalmente completan su ciclo y mueren.

Para llevar ese conocimiento al mercado, necesitó armar equipo. Así se sumaron Cecilia Arolfo, ingeniera química y emprendedora con experiencia en gestión de empresas, y María Cecilia Nagel, especializada en transferencia tecnológica y desarrollo de modelos de negocios.

“No fue buscado que seamos todas mujeres, solo sucedió”, contó Reinheimer.

Del laboratorio al campo

Desde su creación, Infira comenzó a recorrer un camino planificado para validar la tecnología y atraer inversión privada. Uno de los primeros respaldos llegó a través de Aceleradora Litoral, que apostó por el proyecto en sus primeras etapas.

El plan original proyectaba diez años de desarrollo hasta llegar a los cultivos en campo. Hoy, la empresa se encuentra aproximadamente a mitad de ese recorrido, pero ya logró sacar la tecnología del laboratorio y probarla en condiciones reales.

El arroz es, por ahora, su principal cultivo validado y se convirtió en el “caballito de batalla” de la firma. También trabajan en otros desarrollos vinculados a soja, alfalfa, caña de azúcar y maíz.

La validación internacional de la OMPI llega en un momento clave, porque le abre a Infira mayor visibilidad, contactos y legitimidad para buscar socios estratégicos que permitan escalar la tecnología y avanzar en su comercialización.

Ciencia pública, agro y mirada santafesina

Infira funciona en el Parque Tecnológico del Litoral Centro, un espacio ubicado en el ecosistema del Conicet Santa Fe, donde conviven investigación científica, desarrollo tecnológico, empresas y organismos públicos.

La historia de la startup también está atravesada por la educación pública. Reinheimer estudió y trabaja en la UNL, mientras que sus socias también se formaron en instituciones públicas santafesinas.

Para la fundadora, Santa Fe no es un dato menor. La provincia combina un sistema científico con capacidad de transferencia tecnológica y un fuerte entorno agropecuario, dos condiciones que hacen posible probar nuevas ideas en un sector clave para la economía argentina.

“Santa Fe y la Argentina son un lugar en el que el agro puede innovar, el espacio ideal para mostrar nueva tecnología”, sostuvo.

Mujeres, tecnología y confianza

El camino, sin embargo, no fue sencillo. Reinheimer reconoció que ser mujeres, latinoamericanas y desarrollar una tecnología disruptiva para el agro implicó tener que trabajar mucho más para construir confianza.

La empresa está integrada casi en su totalidad por mujeres y, según explicó, debieron multiplicar esfuerzos para validar el proyecto ante inversores, empresas y actores del sector.

Hoy, con un premio internacional y una tecnología que ya salió al campo, Infira empieza a posicionarse como una de las experiencias santafesinas más innovadoras del agro argentino: ciencia pública, conocimiento local y una idea capaz de discutir cómo se producirán alimentos en el futuro. Foto: gentileza OMPI

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