
Rafaela y una alarma que no cesa: una muerte, un joven grave y una seguidilla de accidentes en pocos días
Redacción¿Nos estamos acostumbrando a que los accidentes formen parte del paisaje cotidiano? La pregunta vuelve a imponerse después de varios días especialmente duros en las calles de Rafaela.
En pocas horas, la ciudad pasó de lamentar la muerte de un adolescente de apenas 16 años a seguir con preocupación la evolución de un motociclista de 28 que permanece grave. Y alrededor de esos dos casos extremos se produjo una sucesión de choques y caídas que involucraron principalmente a motocicletas.
No todos los hechos tuvieron la misma mecánica ni sería correcto adjudicar responsabilidades sin las investigaciones correspondientes. Pero la reiteración obliga a mirar más allá de cada accidente aislado.
Thiago Córdoba, 16 años: una muerte que golpeó a la ciudad
El caso más grave ocurrió durante la madrugada del sábado en la zona del Autódromo de Rafaela.
Thiago Benjamín Córdoba, de 16 años, perdió la vida mientras circulaba en una Honda Wave. Desde las primeras actuaciones surgió la posible intervención de otra motocicleta cuyo conductor se habría retirado del lugar.
La investigación posteriormente avanzó sobre la presunta realización de picadas ilegales. A partir del análisis de cámaras y otras diligencias, la PDI detuvo a un joven de 20 años por su posible participación en pruebas de velocidad no autorizadas.
La Justicia deberá establecer exactamente qué ocurrió y determinar responsabilidades. Pero que una investigación por la muerte de un adolescente termine analizando una eventual picada ya debería ser motivo suficiente para una profunda reflexión colectiva.
Otro motociclista lucha por su vida
A la tragedia se agregó el grave episodio ocurrido en avenida Italia y E. Giménez.
Marcelo V., de 28 años, cayó mientras circulaba en una Zanella ZB 110 cc y sufrió un traumatismo de cráneo grave, con múltiples fracturas.
Su estado continúa siendo delicado: permanece en una Unidad de Cuidados Intensivos, con asistencia mecánica respiratoria, inestabilidad hemodinámica y pronóstico reservado. Además, debió ser intervenido neuroquirúrgicamente.
Dos episodios distintos, dos historias diferentes, pero nuevamente una motocicleta y una vida colocada al límite.
El viernes ya había comenzado una extensa secuencia
La seguidilla había mostrado señales desde el viernes.
A las 13:59, en bulevar Roca e Ituzaingó, chocaron un Ford Territory conducido por una mujer de 44 años y una Honda XR 150 L en la que circulaba una joven de 19. La motociclista sufrió lesiones leves y recibió asistencia del 107.
Horas después, cerca de las 17:35, una Volkswagen Amarok conducida por una mujer de 61 años y una Honda GLH 150 guiada por una mujer de 44 colisionaron en Mariano Quiroz y Vélez Sarsfield. La motociclista sufrió lesiones leves y fue trasladada por el servicio de emergencias.
A las 17:54 se reportó otro episodio en Marini y Ramón y Cajal, entre un automóvil y una bicicleta. Cuando llegaron las autoridades, las personas involucradas ya se habían retirado.
Y a las 20:27, en Fanti y Palmieri, se informó un choque en cadena. Nuevamente, al momento de la intervención, las partes ya no estaban en el lugar.
El sábado continuaron los accidentes
Durante la tarde del sábado, en Luis Maggi y Operto, chocaron un Ford Focus conducido por un hombre de 51 años y una Honda Wave.
En el automóvil viajaba además una mujer de 52 años. En la motocicleta circulaban su conductor y un adolescente de 15 años como acompañante. Ambos motociclistas llevaban casco y fueron atendidos en el lugar por el servicio 107.
Más tarde, alrededor de las 19:28, se produjo otra colisión en avenida Aristóbulo del Valle y J. A. Álvarez, en barrio Villa del Parque.
Participaron un Fiat Siena y una motocicleta Guerrero Trip. Un hombre que viajaba como acompañante en la moto debió ser trasladado al hospital para recibir atención, mientras que el rodado fue llevado posteriormente a la Comisaría Nº 1.
Dos motos y un conductor que se fue
Ya durante la madrugada del domingo, a la 1:29, se registró un choque entre motocicletas en bulevar Lehmann y Maipú.
En uno de los rodados viajaban un joven de 19 años y otro de 20. Ambos llevaban casco y fueron atendidos por el 107.
La otra motocicleta involucrada, según quedó registrado, se retiró del lugar.
Dos jóvenes sin casco y otro vehículo que se retiró
Poco después, a las 3:09, hubo otro siniestro en Francia y Ripamonti.
Un adolescente de 17 años circulaba en una Keller KN 110 acompañado por un joven de 19. Ninguno de los dos llevaba casco y ambos debieron ser trasladados por el servicio de emergencias.
En el episodio también habría participado un Renault Clio que se retiró del lugar.
Este caso deja una imagen difícil de ignorar: dos jóvenes, de madrugada, arriba de una motocicleta y sin uno de los elementos básicos que puede marcar la diferencia entre una lesión y una tragedia.
El lunes tampoco dio tregua
La nueva semana comenzó con más intervenciones.
A las 6:58, en Poggi y Oroño, chocaron una Volkswagen Saveiro conducida por un hombre de 58 años y una motocicleta en la que circulaba una mujer de 39.
La motociclista sufrió lesiones leves y fue trasladada por el 107.
A las 10, en Falucho y Blas Olivero, una Toyota Hilux conducida por un hombre de 54 años protagonizó otro choque con una Corven Triax guiada por un motociclista de 57. Este último sufrió lesiones leves y también debió ser trasladado.
Poco más de una hora después, a las 11:10, se produjo una nueva colisión en Luis Maggi y 25 de Mayo.
Participaron una camioneta Fiat conducida por un hombre de 67 años y una Guerrero Trip guiada por un joven de 25. El motociclista sufrió lesiones leves y fue trasladado por el 107. En el registro del procedimiento no figuraba casco detectado.
¿La transgresión se volvió parte de nuestra forma de conducir?
Los once episodios adicionales no pueden analizarse como si todos hubieran ocurrido por imprudencia, porque las causas particulares deben establecerse en cada caso.
Pero tampoco debería naturalizarse la fotografía general.
Un adolescente muerto. Otro joven en estado crítico. Motociclistas sin casco. Vehículos que abandonaron lugares donde se habían producido colisiones. Una investigación por presuntas picadas. Ambulancias movilizadas una y otra vez y personas trasladadas al hospital durante prácticamente todos los días.
Entonces aparece una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto en Rafaela hemos incorporado la transgresión vial como algo cotidiano?
Semáforos, prioridades de paso, velocidad, casco, cinturón, documentación y respeto por los demás no son sugerencias. Son reglas destinadas, en última instancia, a evitar que alguien muera.
No alcanza con pensar que “a mí no me va a pasar”
Existe además una conducta difícil de medir en estadísticas: esa sensación de que siempre se puede acelerar un poco más, cruzar antes que el otro, salir sin casco porque son pocas cuadras o asumir que una imprudencia no tendrá consecuencias.
Hasta que las tiene.
Y entonces aparecen una ambulancia, una terapia intensiva, una familia esperando un parte médico o, en el peor de los escenarios, una vida que ya no vuelve.
La sucesión de estos días debería servir para algo más que contar accidentes. La seguridad vial no depende únicamente de controles, inspectores o sanciones. También exige una decisión individual cada vez que alguien se sube a un automóvil, una motocicleta o una bicicleta.
Porque cuando la excepción a la regla comienza a convertirse en costumbre, el problema deja de ser solamente de tránsito y pasa a ser cultural.



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