
El fuego se desató en un automóvil que prestaba servicio y fue controlado rápidamente, sin que se registraran personas lesionadas.
Los operativos de control y alcoholemia volvieron a dejar números que interpelan. Más infracciones que conciencia, en un escenario donde el respeto por las normas sigue siendo una deuda pendiente.
Policiales04/02/2026
Redacción
Durante tres jornadas consecutivas, el Departamento de Protección Vial y Comunitaria desplegó operativos nocturnos de control en distintos puntos de la ciudad. Los resultados, reflejados en los informes oficiales, vuelven a poner sobre la mesa una realidad que se repite: los controles son necesarios porque el apego a las normas todavía no es una conducta asumida por todos.
Si se observan los totales acumulados al pie de los reportes, el balance es elocuente. En esas tres noches se labraron 40 actas de infracción, una cifra que por sí sola habla de la persistencia de conductas irregulares al volante. A esto se suman 26 infracciones por falta de documentación, 11 por no uso de casco y 7 por alcoholemia positiva, un dato que sigue siendo especialmente preocupante por el riesgo directo que implica para terceros.
El detalle de las medidas preventivas adoptadas también marca el tono de los operativos: 5 motocicletas retenidas y 9 licencias de conducir retiradas. No se trata de números aislados ni de hechos menores, sino de decisiones orientadas a cortar situaciones de riesgo antes de que deriven en siniestros viales.
Los informes muestran además 22 infracciones encuadradas como “otras faltas”, un cajón amplio que suele incluir irregularidades mecánicas, faltas de elementos de seguridad o incumplimientos que, aunque a veces se minimizan, forman parte del mismo problema estructural: la falta de respeto por las reglas básicas de convivencia vial.
Defender los controles no es una postura caprichosa ni recaudatoria. Es, lisa y llanamente, una posición a favor de la vida. Cada acta labrada es una oportunidad para evitar un accidente; cada retención, una forma de prevenir una tragedia. Los números de estas tres noches confirman que sin controles firmes y sostenidos, el desorden se impone.
La discusión de fondo no pasa por si hay “muchos” o “pocos” operativos, sino por qué siguen siendo necesarios. Mientras haya alcoholemias positivas, motos sin casco y conductores sin documentación, los controles seguirán siendo una herramienta clave. Y los números, por más incómodos que resulten, son el reflejo más honesto de una realidad que todavía exige cambios profundos.

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