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Hace 12 años, un accidente en la Ruta 34 marcó a toda la región: tres jóvenes fallecieron cuando volvían de una fiesta

Domingo 12 de enero de 2014 quedó grabado en la memoria colectiva de Rafaela y la zona: un choque en la ruta que une localidades dejó un saldo trágico y cambió para siempre a varias familias.

Policiales08/02/2026RedacciónRedacción
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Hace doce años, en plena madrugada del domingo 12 de enero, la Ruta Nacional 34 fue escenario de uno de los accidentes viales más recordados de la historia de Rafaela y la región, cuando un choque brutal entre un automóvil y dos motocicletas provocó la muerte de tres jóvenes oriundos de esta ciudad.

El siniestro ocurrió cerca del Aero Club de Rafaela, pocos kilómetros al sur del casco urbano, cuando un automóvil Volkswagen Bora embistió de frente a dos motos —una Appia Enduro y una Honda Wave— que se desplazaban rumbo a Rafaela tras participar en una fiesta organizada para recaudar fondos para un viaje de egresados.

En el lugar perdieron la vida Araceli Montenegro (17 años), Fernando Alegre (19) y Rubén Cappela (18), todos jóvenes que regresaban de ese evento comunitario. El conductor del auto, Sebastián Binner (29), quedó detenido tras el accidente y las primeras versiones hablaban de maniobras evasivas debido a un vehículo detenido en la banquina, aunque nunca se establecieron certezas absolutas sobre la causa del choque.

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El trágico episodio conmovió a toda la comunidad debido —además de la magnitud del siniestro— al perfil de las víctimas: adolescentes y adultos jóvenes con proyectos y planes por delante, que perdieron la vida en un instante. El recuerdo de ese domingo fatídico se mantiene vivo en la memoria de quienes lo vivieron y, cada año, renueva la reflexión sobre la seguridad vial en uno de los corredores más transitados de la región.

No es solo una historia de tránsito. Es una historia de ausencias. De sillas vacías. De cumpleaños que ya no se celebran. De padres que aprendieron a vivir con una pérdida imposible de aceptar. Es, también, un recordatorio incómodo de que la tragedia puede irrumpir en cualquier momento, incluso en una madrugada de verano que parecía como tantas otras.

Hoy, a doce años de aquel domingo, Rafaela recuerda. No para revolver el dolor, sino para no olvidar. Porque hay hechos que no se borran, que se transforman en memoria colectiva y que, aunque el tiempo avance, siguen marcando una historia.

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