
La informalidad como sostén del empleo textil: un síntoma de la fragilidad del mercado laboral argentino
Redacción
Según el informe, entre 2012 y 2025 el número de asalariados registrados en la industria textil se redujo de 118.000 a unos 97.000, mientras que los trabajadores no registrados y cuentapropistas pasaron de unos 204.000 a alrededor de 248.000. Esta tendencia muestra que, ante la pérdida de empleo formal, el sector “sobrevive” principalmente gracias a formas de ocupación más precarias.
A pesar de su tradicional peso como fuente de trabajo —el textil llegó a ser un sostén importante de puestos en regiones industriales—, las remuneraciones reales en el sector también experimentaron una caída sustancial. En el período analizado, los salarios se redujeron cerca de un 31 % en términos reales, lo que impacta directamente en la capacidad de consumo y en la calidad de vida de los trabajadores, según sostuvo el informe de IDESA.
El documento también pone en cuestión las políticas económicas aplicadas en los últimos años. Mientras algunos sectores reclamaron mayor protección ante la apertura comercial, los datos muestran que ni el proteccionismo ni las políticas actuales han logrado frenar la destrucción de empleo formal; más bien, han contribuido a una reconfiguración del mercado laboral donde el empleo se refugia en la informalidad.
Los analistas sugieren que una salida sostenible para el empleo textil requeriría no solo medidas orientadas a la competitividad del sector, sino también reformas estructurales que promuevan la formalización del trabajo. Entre estas se menciona la necesidad de una modernización del marco laboral y fiscal que incentive la contratación registrada y mejore las condiciones jurídicas de quienes trabajan por cuenta propia.
Este panorama laboral refleja una realidad más amplia del mercado argentino: la informalidad no es solo una característica marginal, sino un mecanismo mediante el cual se mantienen actividades productivas enteras, a costa de derechos laborales y de la calidad de vida de los trabajadores. En un contexto donde las oportunidades formales escasean y los ingresos reales se erosionan, el desafío es enorme: no solo recuperar empleo, sino revalorizar el trabajo registrado como eje de estabilidad social y crecimiento.


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