
La diócesis renovó su misión en la Misa Crismal en la Catedral
Redacción El pasado martes 24 de marzo, a las 20 horas, se celebró la Misa Crismal en la Catedral San Rafael Arcángel.
La celebración fue presidida por el obispo diocesano, Monseñor Pedro Torres y contó con la participación de todo el presbiterio, diáconos permanentes y una nutrida concurrencia de fieles de las distintas comunidades parroquiales, especialmente de la localidad de Rafaela.
En el marco de esta significativa liturgia, los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales y se llevó a cabo la bendición de los óleos y la consagración del Santo Crisma, que serán utilizados durante el año en la administración de los sacramentos.
La Misa Crismal constituye uno de los momentos más importantes de la vida diocesana, ya que expresa de manera especial la comunión del clero con su obispo y la unidad de toda la Iglesia particular.
En la homilía, el Obispo describió estos tiempos de cambios vertiginosos como tiempos de misión: “Rafaela, me refiero a toda la diócesis, es tierra de misión. Yo soy tierra de misión, cada uno. Y hay que decírnoslo porque conocer a Jesús y abrirnos a la vida nueva que nos trae (…) es dejarse amar, porque nos amó primero, y transformar en hijos, en hermanos, en testigos, en enamorados.”
También destacó un signo particular de esta celebración: “es la única vez en el año en que, en la liturgia, se realiza el gesto del soplo, un gesto sobre el Crisma que se consagra.” Y luego añadió: “El soplo del Espíritu en la liturgia de hoy es el soplo de Jesús resucitado que hace posible el envío de los apóstoles. Tenemos absoluta necesidad del Espíritu para la misión.”
En este sentido, subrayó la centralidad del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y en el ministerio de cada bautizado: “Sin el Espíritu estamos huérfanos, sin el Espíritu nuestro ministerio diaconal, presbiteral, bautismal es un oficio mundano, mediocre, y en vez de la gratuidad, la contemplación y la locura del amor crucificado y el gozo de abandonarnos en la confianza, aparece la sombra del éxito y el mérito, y el activismo como horizonte y medida de nuestro obrar. Sin el Espíritu falta alegría, creatividad, entusiasmo.”
Finalmente, invitó a toda la comunidad diocesana a renovar su apertura a la acción del Espíritu: “¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! Estamos en tiempo de misión y el protagonista de la misión es el Espíritu. Pidamos el Espíritu para toda la Iglesia, para el mundo sufriente y que anhela la paz. Comprometámonos a ser más dóciles, a dejarnos mover, a salir y encontrarnos en un mismo Espíritu.”



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