
Robo tras robo y sigue suelto: el caso de un menor sin freno que acumula denuncias en Rafaela
Redacción
Rafaela vuelve a sacudirse ante una seguidilla de delitos protagonizados por un mismo joven de 14 años, ya conocido por las fuerzas de seguridad y la Justicia. El menor fue identificado este domingo en al menos tres hechos distintos, todos ocurridos en pocas horas, y que se suman a antecedentes previos de similares características.
La primera denuncia llegó desde una vivienda de calle Deán Funes, donde delincuentes ingresaron en horas de la madrugada, tras forzar una ventana sin medidas de seguridad, y se llevaron productos de limpieza, artículos para el hogar y otros elementos. Un mensaje anónimo advirtió luego a los propietarios que las cosas estaban en una vivienda familiar del menor señalado. La policía realizó una requisa en ese lugar y recuperó todo lo robado.
Poco después, otro vecino lo retuvo en la vía pública tras reconocerlo como el autor de un robo ocurrido días antes en su domicilio. En ese caso, el menor había ingresado y sustraído una suma de $250.000. Según contó la víctima, fueron los vecinos quienes lo identificaron y avisaron. El adolescente, sin ningún tipo de disimulo, reconoció que “la plata ya se la había gastado”.
El tercer caso tuvo lugar en calle Don Orione, donde un hombre denunció que al regresar a su hogar encontró el freezer abierto y notó la falta de unos 15 kilos de carne y una cuchilla de gran tamaño. Las cámaras de seguridad internas registraron al mismo joven dentro de la propiedad, lo que terminó de confirmar su participación.
Pese a la gravedad de los hechos y los antecedentes previos, el menor fue entregado nuevamente a sus progenitores tras la intervención del Juzgado de Menores y la Subsecretaría de la Niñez. No fue internado ni derivado a ningún dispositivo de contención o tratamiento, y continúa en libertad.
La situación genera profunda preocupación en la comunidad. No solo por la repetición de robos y la inseguridad que produce, sino también porque nadie parece asumir la responsabilidad de atender a un adolescente que necesita una respuesta urgente del sistema, antes de causar —o sufrir— un daño irreversible.
Vecinos, víctimas y autoridades coinciden: el menor ya no actúa solo como un “caso social”, sino como un riesgo concreto para el entorno y para sí mismo. Y mientras las instituciones se limitan a “cumplir procedimientos”, la calle lo devuelve, una y otra vez, al mismo lugar.


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