
El viernes 6 de mayo de 2016 no se fue nunca del todo. Quedó flotando en la memoria de la ciudad como esas escenas que nadie quiere volver a mirar, pero que regresan solas. Eran minutos previos a las seis de la tarde cuando, en el acceso a barrio Barranquitas, una discusión común empezó a mutar en algo irreversible.












