
El invierno trae frío… y un asesino silencioso que acecha sin que lo veas ni lo huelas
Redacción
En muchos hogares argentinos el abrigo invernal se paga con riesgos silenciosos. Mientras una estufa prende su llama, el monóxido de carbono puede estar filtrándose sin que nadie lo perciba. Este gas letal surge cuando hay una mala combustión de gas, leña o carbón, y sus víctimas no lo ven venir: sólo sienten dolor de cabeza, cansancio, náuseas o sueño. En los casos graves, el final puede ser trágico.
Hay señales para evitar el drama. Una llama amarilla o anaranjada es un grito de auxilio: esa estufa no está funcionando bien. Dormitorios con estufas sin tiro balanceado, cocinas que reemplazan calefactores, calefones en baños, anafes caseros: todo suma al cóctel peligroso.
Los expertos insisten: abrí una ventana. Hacelo aunque te dé frío. Que entre el aire. Revisá tus artefactos con gasistas matriculados. No improvises ni confíes en que “nunca pasó nada”. Porque sí pasa. Y cada año hay vidas que se pierden por confiarse.
Para peor, hay personas que no pueden oler el gas por problemas en el olfato, lo que vuelve aún más necesaria la instalación de alarmas o sensores que detectan monóxido en el ambiente.
Detrás de cada muerte evitable hay una cadena de descuidos. Y detrás de cada calefactor hay una elección: cuidarse o arriesgarse. Este invierno, elegí la prevención.


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