
El Paraná vuelve al centro de la ciencia: marcan ejemplares de raya gigante para estudiar su comportamiento y defender la especie
Redacción
La cuenca del Paraná esconde uno de sus misterios más imponentes: la raya gigante, un pez de dimensiones extraordinarias que puede superar los dos metros de ancho y pesar más de 200 kilos, pero cuyo comportamiento y ciclo de vida todavía generan interrogantes. Ante la falta de datos históricos y científicos, especialistas de la UNL y el CONICET impulsan una iniciativa que apunta a obtener información precisa a partir del marcado y seguimiento en el propio río.
La propuesta utiliza etiquetas identificatorias colocadas de manera cuidadosa sobre ejemplares capturados y luego liberados, lo que permitirá conocer desplazamientos, crecimiento y posibles rutas migratorias. El trabajo no se desarrolla únicamente desde laboratorios o embarcaciones oficiales: pescadores deportivos, guías y habitantes de la zona fueron capacitados y participan activamente registrando medidas, sexo, fotografías y coordenadas previo a la devolución del animal al agua.
En uno de los tramos del proyecto, informó UNO Santa Fe, se destacó el rol que cumplen las comunidades ribereñas como aliadas estratégicas en la conservación, ya que cuentan con experiencia directa en el territorio y conocimiento empírico del comportamiento de la fauna local.
La participación ciudadana también resulta clave en una segunda etapa: cualquier persona que advierta una raya marcada puede colaborar comunicándose mediante redes sociales, con el número de etiqueta, fecha y lugar del hallazgo. El pedido principal de los investigadores es no quitar la marca, ya que es el único modo de rastrear el recorrido en el tiempo.
Una ciencia abierta, en territorio y con mirada social
Desde los equipos que llevan adelante la propuesta remarcan que el enfoque no se limita al ámbito científico, sino que impulsa un diálogo entre saberes académicos y conocimientos locales. La iniciativa busca consolidar una red de colaboración que transforme la observación cotidiana en insumo científico, entendiendo que la protección de la biodiversidad requiere acciones sostenidas que involucren a múltiples actores.
La experiencia se suma a otras líneas de trabajo en la región vinculadas a participación comunitaria, salud pública y manejo ambiental, ratificando el camino hacia una ciencia hecha con la sociedad y no únicamente para ella.


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