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“La gente pasa de largo”: el reclamo de una comerciante del centro por la usurpación de una obra lindera

Cristina, propietaria de La Martina Pastas y Café, expuso el fuerte impacto económico y social que genera una usurpación histórica en plena avenida Mitre. Denunció recambio de ocupantes, inseguridad y caída abrupta de clientes.
Locales04/02/2026RedacciónRedacción
foto para portal

La situación de una obra en construcción usurpada desde hace más de una década volvió a quedar en el centro de la escena tras el testimonio de Cristina, propietaria de La Martina Pastas y Café, ubicada en la esquina de V. Manuel y avenida Mitre. En diálogo con el programa Reencuentro, que conduce Gerardo Zanoni por GZ Radio FM 100.7, la comerciante relató cómo el conflicto escaló en los últimos meses y terminó golpeando de lleno a su negocio.

Según explicó, el predio lindero ya se encontraba ocupado desde hace años por algunas familias que, si bien generaban molestias menores, no provocaban situaciones de violencia ni intimidación. Sin embargo, todo cambió a partir de enero, cuando comenzó un proceso de recambio tras una orden judicial de desalojo: “La gente que no era conflictiva se fue, y llegaron otros. Hoy quedaron los más pesados”, describió.

Cristina sostuvo que el impacto no es solo visual o urbano, sino profundamente económico. “Después de las siete de la tarde tengo que cerrar. ¿Quién va a venir a tomar un café con miedo, con gente durmiendo afuera, trapitos, movimiento permanente?”, se preguntó. Aseguró que la mayoría de quienes aún ingresan al local son clientes habituales que la conocen y se solidarizan con la situación.

La comerciante remarcó que el problema no la afecta solo a ella, sino a varios negocios del sector. Recordó incluso un local vecino que fue vaciado por completo y nunca volvió a abrir. En su caso particular, la caída de ventas la obligó a reducir personal y a replegar parte de su actividad al delivery, que sale desde su fábrica de pastas ubicada en otro punto de la ciudad.

En la entrevista también señaló la falta de respuestas concretas. Dijo haberse comunicado desde el primer momento con el municipio, incluso por correo directo al intendente, pero siempre recibió la misma contestación: sin una resolución judicial definitiva, no hay margen de intervención. Mientras tanto, el predio sigue funcionando como lugar de pernocte y refugio nocturno, con escenas que generan temor entre clientes y trabajadores.

“Yo no soy de salir a quejarme, pero no me quedó otra. Invertí mucho dinero en esta esquina y no se recuperó nada. La presión social es muy fuerte: no queremos esto acá”, afirmó. También expresó preocupación por lo que vendrá después del desalojo, ya que el propietario original habría agotado sus recursos económicos en abogados y no tendría medios para cerrar y limpiar un espacio que acumula basura desde hace once años.

Cristina aseguró que en los últimos días se observó un retiro progresivo de ocupantes, lo que le devuelve algo de expectativa. “Tengo fe en que esto se va a resolver. Es una esquina hermosa, con un valor enorme para la ciudad. Solo queremos trabajar en paz y que la gente no tenga miedo de entrar”, concluyó.

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