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Una empresa tucumana tomó el control de la histórica fábrica de caramelos Marengo

Un grupo vinculado al sector azucarero adquirió la tradicional firma rafaelina y anticipó un proceso de reordenamiento interno y renovación de su oferta.
Locales23/02/2026RedacciónRedacción

La histórica fábrica de caramelos Marengo, emblema industrial de Rafaela desde mediados del siglo pasado, cambió de manos y pasó a estar controlada por un grupo empresario de la provincia de Tucumán. La operación marca un nuevo capítulo para la firma, que en los últimos años atravesó dificultades financieras.

El nuevo propietario es un productor azucarero tucumano que encabeza un grupo con fuerte presencia en la producción y comercialización de alimentos, y que ahora suma a su estructura una de las marcas más reconocidas del rubro de golosinas del interior del país. La adquisición incluye la planta radicada en Rafaela y todo el portafolio de productos.

Fundada en 1944, Marengo construyó su identidad alrededor de la elaboración de caramelos y chupetines, con una línea que, a diferencia de otras grandes compañías del sector, se mantuvo enfocada casi exclusivamente en ese segmento. Entre sus productos más conocidos figuran caramelos blandos y duros, con y sin relleno, además de chupetines que lograron posicionarse en distintos mercados del país.

En los últimos tiempos, la empresa había intentado recuperar visibilidad con lanzamientos de fuerte impronta comercial, aunque esas estrategias no alcanzaron para revertir un escenario económico complejo. La nueva conducción anticipó que el primer objetivo será ordenar las cuentas de la compañía y estabilizar su funcionamiento, para luego avanzar en la incorporación de nuevos productos.

El grupo comprador ya cuenta con antecedentes en el rubro alimenticio y en el comercio minorista, y busca ahora relanzar la marca Marengo aprovechando su historia y reconocimiento, con la expectativa de devolverle volumen de producción y competitividad.

La operación genera expectativas en Rafaela, no solo por el futuro de la firma, sino también por el impacto que pueda tener en el empleo y en una planta que forma parte del ADN industrial de la ciudad.

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