
Argentina lidera el procesamiento de soja pero pierde valor en la cadena
RedacciónArgentina se consolida como uno de los principales actores mundiales en la industrialización de la soja, con una capacidad de procesamiento que la ubica entre los líderes globales. Sin embargo, ese posicionamiento convive con una limitación clave: la escasa generación de valor agregado en las etapas finales de la cadena.
Según un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el país procesa prácticamente la totalidad del poroto de soja a través del sistema de “crush”, del cual se obtienen aceite y harina, los dos principales productos del complejo agroexportador.
Este modelo le permitió a Argentina alcanzar niveles de procesamiento superiores a los de otros países productores, incluso importando soja desde naciones vecinas para sostener la actividad industrial, especialmente en momentos de baja producción local.
Sin embargo, el informe advierte que gran parte de esa producción se exporta en etapas primarias o con escaso nivel de refinamiento, lo que limita la captura de valor dentro del país. En el caso del aceite de soja, cerca del 20% del procesamiento se destina a su producción, aunque mayormente se comercializa sin una transformación industrial más profunda.
La situación es aún más marcada en la harina de soja, uno de los principales subproductos, que se exporta en aproximadamente un 90% sin integrarse a cadenas productivas locales, como la generación de proteínas animales.
De esta manera, Argentina se posiciona como un proveedor global de insumos intermedios, especialmente para mercados como el asiático, pero resigna parte del potencial económico que implicaría avanzar hacia productos finales con mayor valor agregado.
El informe también señala que existe una oportunidad estratégica para el país, vinculada a su infraestructura industrial y al desarrollo del corredor Paraná-Paraguay, que podría permitir procesar soja de países vecinos y fortalecer el rol regional en la cadena.
No obstante, advierte que para concretar ese salto será necesaria una política activa que promueva inversiones, mejoras logísticas y una planificación que permita avanzar hacia una mayor industrialización.
En ese escenario, el desafío no pasa solo por sostener el liderazgo en el procesamiento de soja, sino por transformar esa capacidad en más empleo, desarrollo industrial y mayor valor dentro de la economía nacional.


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