
Empleo joven en alerta: apenas uno de cada siete accede a un trabajo con plenos derechos
RedacciónLa inserción laboral de los jóvenes argentinos sigue mostrando una realidad compleja: apenas el 14,2% de quienes tienen entre 18 y 25 años accede a un empleo con plenos derechos.
El dato surge del informe “Juventudes Desiguales: Entre la Promesa y la Exclusión”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, que analiza cómo las condiciones de origen impactan sobre la educación, el trabajo y las posibilidades de desarrollo.
Casi cuatro de cada diez no terminaron el secundario
El estudio señala que el 39,6% de los jóvenes no completó la educación secundaria obligatoria.
A su vez, un 32,4% cursa o logró finalizar estudios superiores, mientras que otro 28% tiene como máximo nivel alcanzado el secundario completo.
Las diferencias aumentan cuando se observa la situación económica de cada hogar. Entre los jóvenes del estrato medio alto, el 69% inició o terminó una carrera superior y apenas el 12,4% no completó la educación obligatoria.
En los sectores más postergados, en cambio, sólo el 9,4% logró acceder a estudios superiores y el 64,7% no terminó el secundario.
El empleo formal también marca una fuerte brecha
Además del reducido 14,2% que logra un trabajo pleno de derechos, el informe muestra que el 22,5% atraviesa un empleo irregular o un desempleo reciente.
Otro 10,7% lleva más de seis meses sin trabajo, el 16% se encuentra en empleos precarios y el 36,6% permanece inactivo.
Las diferencias sociales vuelven a ser determinantes. El empleo regular alcanza al 38,9% de los jóvenes de sectores medios altos, mientras que entre los estratos más bajos esa proporción cae al 19,7%.
El desempleo prolongado también muestra una distancia considerable: afecta al 14,9% de los jóvenes de menores ingresos y al 5,2% de los sectores más acomodados.
Más del 20% no estudia ni trabaja
Otro de los datos que sobresale es que el 20,7% de los jóvenes no se encuentra actualmente estudiando ni trabajando.
Sin embargo, el fenómeno tampoco se distribuye de manera uniforme.
En los sectores medios altos alcanza al 8,3%, mientras que en los hogares de menores recursos llega al 34,2%.
Por otra parte, el 26,6% se dedica exclusivamente a estudiar, el 39,7% trabaja sin cursar estudios y sólo el 13% logra combinar ambas actividades.
Entre los jóvenes de menores ingresos, apenas el 15,6% puede dedicarse exclusivamente a estudiar.
El desafío de romper una desigualdad que comienza temprano
El informe advierte que las dificultades juveniles no aparecen únicamente al momento de buscar trabajo. La trayectoria educativa, las condiciones laborales de los padres, las responsabilidades de cuidado, las maternidades y paternidades tempranas y el lugar de origen terminan condicionando las oportunidades futuras.
Frente a este escenario, los investigadores plantean la necesidad de fortalecer la permanencia en la escuela secundaria, ampliar las posibilidades reales de continuar estudios superiores y vincular mejor la capacitación con empleos estables y protegidos.
El diagnóstico también propone evitar una mirada simplificada sobre quienes no estudian ni trabajan, ya que detrás de esa situación pueden existir desempleo, desaliento, falta de oportunidades o tareas de cuidado no remuneradas.


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