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Escuelas al límite: la mitad de los alumnos necesita ayuda alimentaria en Santa Fe

La crisis económica golpea de lleno en las aulas. Miles de chicos dependen de comedores y copas de leche para garantizar al menos una comida diaria.
Educación04/05/2026RedacciónRedacción

La situación social en Argentina sigue impactando con fuerza en la infancia y encuentra en las escuelas uno de los principales espacios de contención. En Santa Fe, los números son contundentes: alrededor del 50% de los alumnos recibe algún tipo de asistencia alimentaria.

El dato se desprende de cifras oficiales que reflejan la magnitud del fenómeno. En toda la provincia, 2.980 establecimientos educativos brindan algún tipo de servicio alimentario: 1.456 cuentan con comedor y copa de leche, 1.336 ofrecen solo meriendas y 188 funcionan exclusivamente con comedor.

En términos concretos, durante el último mes se distribuyeron 638.887 raciones diarias, entre 177.717 platos de comida caliente y 461.170 copas de leche. Si se tiene en cuenta una matrícula cercana a los 902.000 estudiantes, el alcance del sistema deja en evidencia que al menos uno de cada dos alumnos depende de estas prestaciones.

Con información de La Capital de Rosario y la nota firmada por Carina Bazzoni, el contexto nacional agrava el escenario: 6 de cada 10 niños, niñas y adolescentes del país viven bajo la línea de pobreza y cerca de un tercio no accede de manera regular a una alimentación adecuada.

En ese marco, la demanda no deja de crecer. Solo entre marzo y abril, se sumaron 16.000 chicos a las copas de leche y otros 8.300 comenzaron a almorzar en la escuela, lo que evidencia un deterioro sostenido en las condiciones de vida de muchas familias.

Docentes y directivos advierten que la realidad cotidiana es cada vez más compleja: alumnos que llegan sin haber cenado, hogares que no logran cubrir necesidades básicas y una dependencia creciente de los comedores escolares.

La situación no es nueva, pero se intensificó en el último tiempo. Históricamente, estos espacios surgieron para combatir el ausentismo y mejorar el rendimiento escolar, pero hoy vuelven a ser esenciales, en muchos casos como el único lugar donde los chicos acceden a una comida diaria.

El escenario plantea un desafío urgente: sostener y fortalecer estos dispositivos en un contexto donde la demanda crece y la crisis económica sigue marcando el ritmo de la realidad social.

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