
Cuando no alcanza para comer, hablar de facturas y café es una provocación
RedacciónLa concejala Milagros Zafra afirmó que, cuando llega el día 20 y queda poco dinero, hay que dejar de comprar facturas o de tomarte un café. Lo dijo durante la discusión por la actualización de la Unidad de Cuenta Municipal. Fabricio Dellasanta, su compañero de bloque, no cuestionó la expresión. Así, los representantes locales de La Libertad Avanza terminaron exponiendo una mirada que responsabiliza a las familias por no llegar a fin de mes, mientras evitan reconocer las consecuencias sociales y económicas del Gobierno nacional que defienden.
Una frase que no puede pasar inadvertida
Durante la mañana de este miércoles, el Concejo Municipal volvió a debatir la situación financiera del Municipio y el proyecto enviado por el Departamento Ejecutivo para actualizar la Unidad de Cuenta Municipal.
La iniciativa propone que la UCM pase de 72,71 a 102,47 pesos, lo que representa un incremento cercano al 40%. Este instrumento se utiliza para determinar el valor de tasas, derechos y tributos municipales.
En medio de esa discusión, Milagros Zafra expresó: “Cuando el 20 ya te queda poca plata, dejá de comprar facturas, dejá de tomarte un café. Es una cuestión de sentido común”.
No se trató de una conversación privada ni de una frase pronunciada al pasar. Fue una definición política expresada por una concejala durante el tratamiento de un expediente que afecta directamente el funcionamiento de la ciudad.
Fabricio Dellasanta tampoco la cuestionó. No marcó una diferencia ni intentó explicar que la situación de miles de familias argentinas es bastante más grave que reducir una salida o eliminar un gusto ocasional. Su silencio terminó acompañando el razonamiento.
La gente ya dejó mucho más que el café
El problema es que una gran parte de la población no compra facturas todos los días ni sale habitualmente a tomar café. Muchas familias dejaron esos consumos hace tiempo.
Hay trabajadores cuyos ingresos no alcanzan hasta el día 15. Jubilados que deben elegir entre medicamentos y alimentos. Personas que utilizan tarjetas, préstamos o billeteras virtuales para pagar el supermercado, el alquiler o los servicios.
Por eso, sugerir que la solución es dejar de comprar facturas resulta, como mínimo, una muestra de desconexión con la realidad.
No estamos hablando de personas que gastaron irresponsablemente en lujos. Estamos hablando de hogares que recortaron carne, medicamentos, ropa, transporte, actividades para sus hijos y hasta comidas.
Cuando un sueldo se termina antes de la mitad del mes, el problema no es el café. El problema es que los ingresos fueron destruidos y ya no alcanzan para cubrir necesidades esenciales.
Una admisión involuntaria del fracaso nacional
La expresión de Zafra también deja una contradicción evidente.
Si desde La Libertad Avanza reconocen que el día 20 la gente ya no tiene dinero, están admitiendo que el modelo económico impulsado por Javier Milei no mejoró la vida cotidiana de la mayoría.
El orden de las cuentas públicas puede presentarse como un logro, pero ese discurso pierde fuerza cuando trabajadores, comerciantes, jubilados y pequeños empresarios deben eliminar hasta los consumos más básicos.
La pobreza fue estimada en torno al 30% durante el primer trimestre de 2026. A esto se suman la pérdida del poder adquisitivo, el retroceso del consumo, la caída de distintas actividades, los cierres de empresas, la informalidad y la pérdida de puestos laborales.
Frente a ese escenario, la respuesta no puede ser pedirle a la gente otro sacrificio. Mucho menos responsabilizarla por no saber administrar un ingreso que ya resulta insuficiente.
La motosierra no cayó solamente sobre una supuesta casta. También pasó por los salarios, las jubilaciones, la industria, la construcción, las pymes y los comercios que dependen del consumo interno.
El debate que realmente estaba sobre la mesa
La discusión en el Concejo no era sobre facturas ni cafés. Era sobre los recursos que necesita el Municipio para funcionar y cumplir con sus obligaciones.
La secretaria de Hacienda y Finanzas, Silvina Bravino, explicó que durante 2025 la política salarial representó el 52% del presupuesto municipal. En otras palabras, más de la mitad de los recursos se destinó al pago de los trabajadores.
También señaló que, cuando comiencen las nuevas discusiones paritarias y deban otorgarse aumentos durante 2026, la erogación será aún mayor.
La UCM tuvo una actualización durante 2025, pero en lo que va de este año no registró incrementos. Esa situación forma parte del argumento presentado por el Ejecutivo para solicitar ahora la modificación.
Naturalmente, un aumento cercano al 40% debe ser discutido y explicado. La sociedad tiene derecho a saber cómo se utilizarán esos recursos, qué servicios se sostendrán y qué controles existirán sobre el gasto.
Pero votar en contra de todo ingreso sin presentar una alternativa no es defender al contribuyente. Es empujar al Municipio hacia el desfinanciamiento.
Desfinanciar y después reclamar servicios
La Libertad Avanza el peronismo y el concejal Lisandro Mársico ya se opusieron anteriormente a aumentos de la tasa municipal.
Pueden hacerlo. Para eso existe el debate democrático. Sin embargo, también deberían explicar cómo se financiarán la recolección de residuos, el mantenimiento de calles, el alumbrado, los controles, la asistencia social y los salarios.
No alcanza con levantar la mano para rechazar una actualización. Una oposición responsable debe presentar números, alternativas y prioridades.
De lo contrario, el mecanismo es demasiado cómodo: se niegan los recursos y después se responsabiliza al Ejecutivo cuando los servicios comienzan a deteriorarse.
Eso no es controlar al Gobierno municipal. Es intentar impedir que funcione normalmente.
Dellasanta y una crítica incompleta
Fabricio Dellasanta sostuvo que dentro de la Municipalidad hay personas que trabajan mal y cobran mucho, mientras otras trabajan bien y reciben menos.
Puede existir esa realidad. Nadie debería negar que una estructura municipal puede contener desigualdades, cargos innecesarios o desempeños que merecen ser revisados.
Pero una acusación general no reemplaza una propuesta concreta.
Si Dellasanta conoce sectores sobredimensionados, debería identificarlos. Si considera que existen salarios injustificados, tendría que presentar la información. Si propone reorganizar la planta, debería explicar cómo lo haría y qué criterios aplicaría.
Además, si la Municipalidad quedó sobrecargada de personal, no fue por decisiones tomadas durante los últimos meses. Rafaela estuvo gobernada durante 32 años por el peronismo / kirchnerismo local.
Sin embargo, los concejales libertarios no exhiben la misma dureza al momento de señalar esa responsabilidad histórica. Allí aparecen las coincidencias con dirigentes como Senn, Soltermann, Paz, Cruso y Postovit.
Resulta más sencillo cuestionar a la actual administración que explicar cómo se construyó durante décadas la estructura que hoy critican.
Esa selectividad también es una forma de hipocresía política.
Promesas que quedaron en el discurso
Durante la campaña, los candidatos de La Libertad Avanza prometieron modificar prácticas, reducir privilegios y presentar una nueva manera de hacer política.
Hasta el momento, esas transformaciones no aparecen.
Hay declaraciones fuertes, frases pensadas para generar impacto y votos negativos que pueden exhibirse ante las cámaras. Pero las propuestas concretas para resolver los problemas de Rafaela siguen sin conocerse.
Mucho ruido y pocas soluciones. Mucho “fulbito para la tribuna”, pero escasa responsabilidad cuando llega el momento de explicar cómo debe administrarse una ciudad.
Gobernar o legislar no consiste únicamente en decir que no. También implica construir respuestas posibles.
La economía de una familia no es el presupuesto de una ciudad
Comparar las cuentas municipales con una familia que deja de comprar facturas es una simplificación que puede sonar atractiva, pero no resiste un análisis serio.
Cuando un hogar pierde ingresos, recorta consumos porque no tiene otra salida. Un Municipio, en cambio, debe garantizar servicios que no pueden suspenderse cada vez que disminuye la recaudación.
La basura debe recolectarse. Las calles deben mantenerse. Los empleados deben cobrar. Las luces deben funcionar. Los controles deben continuar y la asistencia social debe responder cuando la situación económica empeora.
Eso no significa entregar un cheque en blanco. El Municipio tiene la obligación de administrar con austeridad, rendir cuentas y eliminar gastos innecesarios.
Pero una cosa es exigir eficiencia y otra muy distinta es quitar recursos sin indicar qué funciones deberían dejar de prestarse.
La gente no necesita consejos sobre cómo gastar menos
La expresión de Milagros Zafra no ofrece una salida. Apenas confirma que hasta los representantes locales del oficialismo nacional saben que la gente no llega a fin de mes.
Las familias argentinas no necesitan que una concejala les explique qué deben dejar de comprar. Ya eliminaron demasiadas cosas de su vida cotidiana.
Necesitan salarios que alcancen, empleo, producción, comercios abiertos y políticas que no conviertan cada fin de mes en una carrera desesperada.
También necesitan dirigentes capaces de comprender que detrás de cada número hay personas reales.
Cuando un concejal habla de facturas y cafés frente a una sociedad que recorta alimentos, no está apelando al sentido común.
Está demostrando hasta qué punto la política puede alejarse del sufrimiento cotidiano de la gente.


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