
Ciencia en crisis: desde el Conicet Santa Fe advierten que formar un investigador cuesta hasta USD 200.000 y muchos terminan yéndose del país
RedacciónDetrás de cada investigador que decide continuar su carrera en el exterior no solamente se pierde conocimiento. También se va una inversión que el Estado argentino realizó durante años para formar recursos humanos altamente especializados.
Ese es uno de los puntos que el director del Conicet Santa Fe, Rubén Spies, puso en el centro de la discusión al describir la situación que atraviesa actualmente el sistema científico nacional.
Según explicó, formar a una persona hasta que logra insertarse plenamente en la carrera científica puede demandar entre 15 y 20 años y representar para el Estado una inversión estimada de entre 100.000 y 200.000 dólares.
El problema, advirtió, es que una parte de esos profesionales está abandonando el país y difícilmente regrese.
“Los estamos regalando al mundo, ofreciéndolos a costo cero”, sintetizó Spies al referirse a la salida de investigadores argentinos.
Una inversión que podría perforar su mínimo histórico
El diagnóstico del responsable del Conicet santafesino no se limita a la pérdida de científicos.
Durante una Jornada Federal de Protesta realizada en distintos puntos del país, Spies sostuvo que la inversión destinada a ciencia y tecnología se encuentra en niveles extremadamente bajos.
Según señaló, el mínimo histórico había sido del 0,17% en 2002, pero para 2026 las estimaciones que maneja el sector proyectan que podría caer hasta el 0,14%.
“Estamos llegando a una inversión en ciencia y tecnología que está por debajo de los mínimos históricos”, afirmó.
Para Spies, el escenario actual no tiene antecedentes comparables recientes y alcanza de manera transversal a prácticamente todo el sistema científico-tecnológico argentino.
“Es una catástrofe lo que está pasando”
El director santafesino mencionó entre los organismos afectados no solamente al Conicet, sino también al INTA, INTI, Conae, Conea y al Servicio Meteorológico Nacional, entre otras instituciones.
Su evaluación fue contundente.
“Estamos asistiendo a una desintegración prácticamente absoluta de todo el sistema de ciencia y tecnología. La verdad que es una catástrofe lo que está pasando”, expresó.
El planteo apunta a que la reducción de recursos no impacta únicamente sobre nuevos proyectos o futuras investigaciones, sino también sobre trabajos que ya estaban en marcha.
Laboratorios sin insumos y equipos que no pueden repararse
El ajuste presupuestario tiene una consecuencia concreta puertas adentro de los institutos.
Spies aseguró que existen laboratorios e instituciones que directamente tienen actividades paralizadas por la falta de insumos y equipamiento.
A eso se suma otro inconveniente: buena parte de los instrumentos utilizados en investigación científica son importados, altamente especializados y costosos.
Por ese motivo, cuando un equipo se rompe, la dificultad no pasa solamente por comprar uno nuevo. Incluso conseguir repuestos o afrontar una reparación puede convertirse en un gasto imposible para determinados laboratorios.
El resultado es que investigaciones que necesitan continuidad quedan demoradas o directamente detenidas.
La pérdida que puede tardar décadas en recuperarse
La fuga de profesionales es uno de los aspectos que mayor preocupación genera dentro del organismo.
Spies puso el foco en lo que definió como una “diáspora continua” de científicos argentinos que encuentran posibilidades laborales y de investigación fuera del país.
El director explicó que formar a un investigador no es un proceso inmediato: comienza con la carrera universitaria, continúa con doctorados, becas, especializaciones, publicaciones y años de experiencia hasta alcanzar una posición consolidada dentro del sistema científico.
Por eso, cuando ese profesional se marcha, la pérdida no puede revertirse simplemente incorporando a otra persona.
Según las estimaciones mencionadas por Spies, ese recorrido puede representar una inversión estatal de entre USD 100.000 y USD 200.000 por investigador.
Y, además del dinero, existe un factor todavía más difícil de recuperar: el tiempo.
Una jornada para mostrar qué está ocurriendo dentro de los institutos
La protesta tuvo en Santa Fe una modalidad diferente a la de otras provincias.
En lugar de concentrar únicamente la actividad en una movilización callejera, los institutos abrieron sus puertas para mostrar qué investigaciones realizan y de qué manera la falta de recursos afecta el trabajo cotidiano.
La actividad tuvo como epicentro el predio del Conicet y reunió a trabajadores e investigadores frente al Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, el Instituto de Matemática Aplicada y el Instituto de Catálisis y Petroquímica.
Spies prefirió definir la convocatoria como una jornada de “visibilización”.
La intención, explicó, fue que los propios científicos pudieran mostrar desde sus lugares de trabajo qué proyectos desarrollan y qué dificultades enfrentan para sostenerlos.
Una advertencia que excede al Conicet
El planteo realizado en Santa Fe busca instalar una discusión que, según sus protagonistas, va mucho más allá de salarios o partidas presupuestarias.
La preocupación central pasa por la posibilidad de perder capacidades científicas construidas durante décadas.
Laboratorios que dejan de funcionar, investigaciones demoradas y profesionales formados durante 15 o 20 años que encuentran oportunidades en otros países conforman, según Spies, un escenario cuyo daño puede continuar incluso si en el futuro vuelve a incrementarse la inversión.
Porque reconstruir edificios o comprar equipos puede llevar meses. Recuperar investigadores altamente capacitados y equipos científicos completos puede demandar años o incluso décadas.


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