
El avión volvió para quedarse: Sunchales rindió tributo a Owen Crippa y a la memoria de Malvinas
Redacción
No fue un día más en Sunchales. Bajo un cielo encapotado y en medio de una llovizna persistente, la ciudad escribió una página cargada de historia y orgullo. En el predio del aeroclub local se presentó el Aermacchi MB-339A, el avión que Owen Crippa piloteó en una de las misiones más audaces de la Guerra de Malvinas. La jornada, bautizada como “Misión Owen”, fue un acto de memoria viva, homenaje y soberanía.
El 21 de mayo de 1982, Crippa se lanzó en solitario contra una flota británica en la Bahía de San Carlos, desplegando valentía y estrategia en partes iguales. Aquel vuelo no sólo resultó exitoso en términos militares: marcó un antes y un después por la información que aportó al comando argentino y por haber regresado ileso de una operación prácticamente suicida.
Ese mismo avión, el 4-A-115, terminó en Estados Unidos tras la guerra. Desde 2005, Crippa inició una gestión silenciosa pero constante para repatriarlo. Veinte años después, la lucha rindió frutos. El regreso del Aermacchi fue posible gracias a un entramado de esfuerzos compartidos, donde el compromiso superó todas las burocracias.
La presentación en Sunchales no fue un acto institucional más. Fue un encuentro intergeneracional, donde veteranos, familiares, autoridades y jóvenes se abrazaron simbólicamente en torno a una causa que sigue latiendo. Se proyectó un documental, se compartieron anécdotas, se quebraron voces al recordar y se reafirmó una convicción: Malvinas no es pasado.
Sergio Busemi, excombatiente que estuvo en Monte Henn y Puerto Darwin, sintetizó el sentir colectivo: “Ver el avión acá te sacude. Es la prueba tangible de una historia que no debemos olvidar. Owen fue un ejemplo de coraje, pero también de tenacidad. No bajó los brazos ni siquiera después de la guerra”.
Además, Busemi resaltó el rol clave de Santa Fe en el conflicto: “Fuimos una de las provincias que más soldados aportó. En cada fuerza hubo santafesinos, y eso también es parte de nuestra identidad”.
Ahora, el Aermacchi ya no es solo un avión de combate. Es una bandera. Una que se levanta en el corazón del interior argentino para recordar que la valentía no muere… y que la memoria, si se cuida, siempre vuelve a volar.


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