
Rutas rotas y camiones envejecidos: el lastre oculto de la economía argentina
Redacción
En la Argentina, el transporte de cargas depende casi exclusivamente del camión: nueve de cada diez productos que se consumen y exportan viajan sobre ruedas. Esa centralidad convierte a las rutas en un engranaje decisivo de la economía cotidiana. Sin embargo, los caminos deteriorados y una flota envejecida generan sobrecostos que terminan pagando las familias en la góndola, las pymes en sus balances y el país en su competitividad.
Según datos del sector, los costos logísticos rondan el 16–17 % del PBI argentino, un nivel que deja al país por encima de México (13 %) y cerca de Brasil (18,4 %). La diferencia no es menor: si se lograra reducir la brecha a niveles mexicanos, el ahorro anual sería de entre 15.000 y 20.000 millones de dólares.
El combustible agrega otro peso a la mochila. Un tanque lleno de 600 litros insume en Argentina el 8,4 % del salario anual de un chofer, mientras que en Brasil ese esfuerzo apenas llega al 5,1 %. El panorama se agrava porque cuatro de cada diez kilómetros de la red vial nacional están en mal estado y casi dos tercios de los caminos rurales resultan inadecuados para el tránsito pesado, lo que dispara el consumo de gasoil entre un 5 % y un 15 % más de lo necesario.
El parque automotor tampoco ayuda: la edad promedio de los camiones de carga es de 15 años y dos tercios de la flota supera la década de uso. El impacto es doble: más combustible y más mantenimiento, lo que eleva en un 10 % el costo de operar un camión respecto de Brasil.
Las consecuencias son múltiples. Productos más caros en el supermercado, exportaciones menos competitivas, pymes que absorben tarifas elevadas y choferes que deben manejar unidades cada vez menos seguras. A esto se suman los costos humanos: en 2023 murieron 4.369 personas en accidentes de tránsito en el país, un promedio de 12 muertes por día. Una tragedia silenciosa que, además, implica pérdidas multimillonarias en seguros, hospitales, reparaciones y juicios.
En este contexto, Sergio Aladio —secretario general del Sindicato de Camioneros de la Provincia de Santa Fe— expuso en una nota para Mundo Gremial que Argentina no puede seguir tolerando “rutas en ruinas ni un parque automotor envejecido”, y que invertir en infraestructura y renovación del transporte es una decisión política ineludible.
El impacto ambiental refuerza la urgencia. El transporte generó casi 56 millones de toneladas de CO₂ en 2024, y solo el sobreconsumo de combustible por rutas deterioradas representa más de 7 millones de toneladas adicionales, con un costo internacional superior a 1.100 millones de dólares.
El futuro exige decisiones valientes: modernizar caminos y camiones no es un lujo, es la única forma de reducir costos, salvar vidas y darle a la logística argentina el rol competitivo que el país necesita.


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