
General Motors profundiza su ajuste y trabaja con la mitad del personal en su planta de Alvear
Redacción
La situación de General Motors en Alvear, a pocos kilómetros de Rosario, volvió a tensarse luego de que se confirmaran 90 nuevos retiros voluntarios, consolidando un proceso de achique que ya modificó por completo el mapa laboral de la planta. La automotriz, que a comienzos de 2024 contaba con más de 1.000 trabajadores, hoy opera con alrededor de 600 empleados, lo que implica una reducción del 50%.
Según fuentes gremiales, los retiros se ofrecieron con montos cercanos al 120% de la indemnización legal y estuvieron dirigidos a personal con más de 15 años de antigüedad. Para Smata Rosario, la tendencia es clara: “No vemos señales de recuperación para 2026”, advirtió su secretario general, Sergio Gazzera.
La nueva tanda de desvinculaciones se suma a un proceso sostenido que incluye paradas de producción, suspensiones y reducción de turnos. En los meses de menor actividad, muchos operarios llegaron a percibir solo el 75% del salario, lo que refleja la profundidad de la crisis.
La fábrica quedó concentrada exclusivamente en la producción de la Chevrolet Tracker, modelo que desde 2022 es el único en la línea. La salida del Chevrolet Cruze a fines de 2023 dejó a la terminal sin opciones alternativas y altamente dependiente del mercado externo, especialmente Brasil, su destino más importante.
Ese esquema resultó insuficiente. La Tracker mostró un buen arranque, pero la caída del mercado brasileño terminó golpeando de lleno la actividad: en el primer bimestre de 2025, las ventas se redujeron a la mitad respecto de meses anteriores. El primer trimestre cerró con una caída del 23% en la producción.
El contexto regional tampoco ayuda. Las exportaciones argentinas hacia Brasil cayeron 7,7% interanual, mientras el sector automotriz enfrenta un creciente déficit de autopartes: por cada dólar exportado se importan 8,54, una relación que debilita la competitividad y desplaza producción local.
En paralelo, los patentamientos y ventas mayoristas muestran cifras positivas —55,4% y 70,5% interanual, respectivamente—, pero ese crecimiento se explica por la mayor entrada de vehículos importados y por la salida de stock acumulado, no por una mejora real en la fabricación nacional.
Para Smata, la ecuación es directa: más importados, menos producción local y más empleo en riesgo. Mientras tanto, la planta de GM sigue achicándose y encara un 2026 cargado de incertidumbre.


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