
Argentina no es cara ni barata: es desigual y eso se nota en la góndola y el shopping
Redacción
¿Argentina es cara o barata? La respuesta, lejos de ser lineal, muestra un país partido en dos. Así lo refleja un reciente informe de la Fundación Mediterránea, a través de su instituto Ieral, que comparó precios de bienes y servicios en diez países y dejó una conclusión clara: el problema no es el nivel general de precios, sino su profunda desigualdad.
La medición, realizada a mediados de diciembre de 2025 y en pleno proceso de desinflación, revela que mientras los alimentos y varios servicios mantienen valores competitivos en comparación internacional, otros rubros clave colocan a Argentina entre los países más caros del planeta.
El trabajo parte de una premisa central para entender el fenómeno local: los precios en dólares están atravesados por dos variables inestables en Argentina, la inflación y el tipo de cambio. Esa combinación explica por qué un mismo producto puede pasar, en pocos meses, de barato a carísimo frente al resto del mundo.
En ese contexto, el tipo de cambio real actual se ubica por debajo del promedio histórico de largo plazo, aunque lejos de los niveles más atrasados que tuvo el país en otros momentos. Es decir, no hay un dólar extremadamente barato que justifique por sí solo los precios elevados en algunos sectores.
Un ejemplo ilustrativo es el Índice Big Mac. A comienzos de 2025, la hamburguesa argentina figuraba entre las más caras del mundo. Con el correr del año, ese valor se fue moderando y hacia mitad de año quedó en la zona media del ranking global, mostrando cuán volátiles pueden ser los precios locales medidos en dólares.
Donde Argentina aparece mejor posicionada es en alimentos y bebidas. En una canasta básica comparada entre diez países, los productos locales resultan más baratos que en economías desarrolladas como Estados Unidos, Australia o Francia. Incluso frente a países de la región, algunos alimentos clave —como carne, papas o queso— mantienen precios bajos, impulsados por la alta productividad agropecuaria y por políticas que desacoplan valores internos de los internacionales.
El contraste aparece con fuerza en los bienes durables, la indumentaria y el calzado. En estos rubros, Argentina es uno de los países más caros en la enorme mayoría de los productos relevados. Electrodomésticos, motos, autos, ropa y zapatillas muestran precios que superan ampliamente a los de países con mayor poder adquisitivo.
Según el informe, detrás de esta distorsión aparecen factores estructurales: altos aranceles de importación, fuerte protección comercial, restricciones al ingreso de bienes y una pesada carga impositiva que se acumula en cada eslabón de la cadena.
El resultado final es una economía donde comer puede ser relativamente accesible, pero vestirse, equipar una casa o comprar tecnología se vuelve prohibitivo. No es una Argentina cara o barata en términos absolutos, sino una Argentina desordenada, con precios que no responden a una lógica homogénea.
En definitiva, el estudio pone números a una percepción cada vez más extendida: mientras algunos precios empiezan a acomodarse, otros siguen funcionando como un freno silencioso al consumo y a la competitividad, aun en un escenario de inflación en baja.



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