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Adolescentes, redes y malestar emocional: una alarma que crece y exige prevención

Especialistas advierten sobre el aumento de autolesiones, violencia digital y sufrimiento psíquico en jóvenes, en un contexto atravesado por redes sociales, baja tolerancia a la frustración y dificultades para expresar emociones.

Info. General25/01/2026RedacciónRedacción
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El malestar emocional en adolescentes y jóvenes dejó de ser un tema silencioso para convertirse en una preocupación creciente en ámbitos educativos, familiares y de salud. Conductas como la autolesión, el aislamiento, la violencia digital y los cuadros depresivos aparecen cada vez con más frecuencia, y obligan a repensar estrategias de prevención y acompañamiento.

De acuerdo a un abordaje reciente publicado por El Litoral, profesionales de la salud mental advierten que las redes sociales cumplen un rol central en este escenario. La exposición permanente a imágenes de éxito, felicidad y cuerpos ideales genera comparaciones constantes que impactan en la autoestima y en la percepción de valía personal, especialmente en edades donde la identidad todavía está en construcción.

A esto se suma una cultura marcada por la inmediatez. La dificultad para tolerar la frustración, el rechazo o el error aparece como uno de los factores que profundiza el sufrimiento psíquico. Situaciones cotidianas que antes podían procesarse con el tiempo hoy son vividas como fracasos absolutos, sin herramientas emocionales suficientes para afrontarlas.

Otro fenómeno que preocupa es el crecimiento del bullying digital. A diferencia del acoso tradicional, las agresiones en redes no tienen horarios ni límites físicos, lo que deja a las víctimas en una exposición permanente. En muchos casos, las autolesiones surgen como una forma de canalizar un dolor que no logra expresarse con palabras.

Especialistas también señalan una carencia de alfabetización emocional. La comunicación reducida a mensajes breves, reacciones automáticas o emojis empobrece la posibilidad de hablar de lo que duele, de poner en palabras la angustia o de pedir ayuda a tiempo. La falta de diálogo profundo se convierte así en un factor de riesgo.

Frente a este escenario, la prevención aparece como una herramienta clave. La presencia activa de adultos —familias, docentes, referentes comunitarios— resulta fundamental para detectar señales tempranas como cambios bruscos de conducta, retraimiento, tristeza persistente o irritabilidad. Escuchar sin juzgar y habilitar espacios de diálogo puede marcar la diferencia.

Finalmente, los especialistas coinciden en la necesidad de desestigmatizar la salud mental. Pedir ayuda profesional no debe ser visto como una debilidad, sino como una forma de cuidado. Hablar del tema, visibilizarlo y abordarlo de manera integral es parte del desafío para enfrentar una problemática que atraviesa a toda la sociedad.

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