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De Esperanza a recibir al Papa: la emotiva historia del artesano santafesino que fabricó los sillones para León XIV

Enrique Mehring, integrante de una reconocida familia de fabricantes de muebles de Esperanza, dialogó con Gerardo Zanoni en el programa Reencuentro, por GZ Radio FM 100.7 y RAFAELA INFORMA. Contó cómo surgió el inesperado encargo de fabricar los sillones que utilizará el papa León XIV en el Cotolengo Don Orione y en la cárcel de Devoto. Una historia de tradición familiar, trabajo artesanal y orgullo por la industria de nuestra región.

Una empresa familiar de Esperanza, que está próxima a cumplir 73 años de trayectoria, recibió uno de los encargos más especiales de su historia: confeccionar los sillones destinados a recibir al papa León XIV durante las actividades previstas en su visita a la Argentina.

El protagonista de esta historia es Enrique Mehring, un artesano de 65 años que lleva medio siglo dedicado a la fabricación de muebles y que representa la segunda generación de una empresa fundada por su padre en 1953.

En una extensa conversación con Gerardo Zanoni, durante el programa Reencuentro, por GZ Radio FM 100.7 y RAFAELA INFORMA, el fabricante compartió detalles de este trabajo, recordó sus comienzos en el oficio y explicó cómo una fábrica del interior santafesino terminó siendo elegida para realizar muebles destinados al Sumo Pontífice.

Una tradición familiar que comenzó en 1953

La historia de los Mehring está profundamente vinculada con Esperanza, una ciudad reconocida por su desarrollo industrial y su histórica producción de muebles.

La empresa comenzó a funcionar en 1953 y, desde entonces, atravesó diferentes etapas económicas sin abandonar la actividad.

Enrique recordó que su incorporación al taller familiar se produjo cuando tenía apenas 15 años.

"Tengo 65 y a los 15 no quise estudiar y mi padre me mandó a laburar, así que tengo 50 años acá adentro", contó durante la entrevista.

Sus primeros trabajos fueron completamente artesanales, en una época en la que muchas de las tareas que actualmente realizan las máquinas dependían exclusivamente de las habilidades del carpintero.

Con el paso de los años, aquella experiencia se convirtió en un conocimiento que hoy resulta fundamental para realizar trabajos especiales como los destinados al Papa.

Cómo surgió la posibilidad de fabricar muebles para León XIV

Durante la entrevista, Mehring explicó que todo comenzó con un primer pedido para confeccionar un sillón de características especiales.

El fabricante trabajó sobre una fotografía que le habían enviado como referencia y construyó una estructura que posteriormente fue trasladada a Buenos Aires.

Sin embargo, algunas modificaciones vinculadas con cuestiones de protocolo hicieron que aquel proyecto inicial no continuara de la manera prevista.

Lejos de terminar allí, la historia tomó un rumbo inesperado.

La repercusión que había generado el trabajo permitió que desde el Cotolengo Don Orione se comunicaran con la empresa para solicitar un sillón y dos sillas destinados a recibir al Papa.

La familia aceptó el desafío y puso manos a la obra.

También les solicitaron restaurar un reclinatorio que ya pertenecía a la institución, tarea que fue realizada en el taller.

También fabricaron un sillón para la cárcel de Devoto

Mientras avanzaban con el conjunto destinado al Cotolengo, llegó otro llamado desde Buenos Aires.

Esta vez, quienes se comunicaron fueron personas vinculadas con la cárcel de Devoto, que también necesitaban un sillón para la visita del pontífice.

El pedido tenía una particularidad: debía estar terminado en muy pocos días.

Mehring explicó que pudieron responder gracias a que conservaban estructuras de muebles fabricados durante la década de 1990, cuando la empresa exportaba productos a Estados Unidos y Puerto Rico.

Aquellas piezas fueron recuperadas, desarmadas y reacondicionadas para construir un nuevo sillón.

De esta manera, la empresa terminó preparando muebles para dos instituciones que, según lo previsto por sus organizadores, recibirán al papa León XIV.

Madera de guatambú, pana blanca y detalles dorados

Uno de los aspectos más interesantes de la charla estuvo relacionado con el diseño y los materiales utilizados.

A diferencia del primer sillón proyectado, que tenía características más ornamentadas, los muebles finalmente confeccionados responden a una línea sencilla y tradicional.

La estructura fue realizada con madera de guatambú, una especie que la familia utiliza desde hace décadas.

Mehring explicó que se trata de una madera noble, que permite obtener buenas terminaciones y trabajar diferentes tonalidades.

El asiento y el respaldo fueron tapizados con pana blanca, mientras que alrededor se colocaron tachas doradas envejecidas, que aportan una apariencia antigua sin recargar el diseño.

"Lo querían lo más sencillo posible", recordó el artesano sobre las indicaciones recibidas.

La intención era evitar un mueble demasiado ostentoso y mantener una estética sobria.

Un trabajo donde cada detalle tiene importancia

Durante la conversación con Zanoni, Mehring describió las características técnicas del sillón.

La pieza principal tiene aproximadamente 50 centímetros de ancho, 55 centímetros de profundidad y 65 centímetros de altura hasta los apoyabrazos.

Las dos sillas que acompañan al sillón mantienen la misma línea, aunque son algo más pequeñas y no cuentan con apoyabrazos.

El trabajo de tapicería incluye cinchas elásticas y diferentes capas de relleno destinadas a garantizar firmeza y comodidad.

En cuanto a la madera, se realiza un proceso de preparación, teñido, sellado y acabado acrílico para conseguir resistencia y una terminación adecuada.

La confección del conjunto demandó entre diez y quince días, incluyendo las distintas etapas de armado, ajustes y tapizado.

El sillón quedará como recuerdo de la visita papal

Mehring contó que uno de los aspectos que más satisfacción le genera es el destino que tendrá el sillón del Cotolengo Don Orione una vez finalizadas las actividades previstas.

Según explicó, la intención es que permanezca en el museo de la institución como recuerdo de la visita del pontífice.

Esto significa que una pieza fabricada artesanalmente en Esperanza podría quedar conservada como parte de la memoria de ese acontecimiento.

Para el fabricante, el valor del trabajo va mucho más allá de su elaboración o de los materiales utilizados.

Se trata de una experiencia especial para la familia, para quienes trabajan en la empresa y también para una ciudad cuya historia está ligada a la industria del mueble.

El oficio que aprendió de su padre y las herramientas que todavía conserva

La entrevista también permitió recorrer parte de la historia de la carpintería y los cambios que experimentó la fabricación de muebles durante las últimas décadas.

Mehring recordó que en sus comienzos gran parte de los trabajos se realizaban mediante herramientas manuales.

Cepillos, serruchos, gramiles, formones y antiguos taladros formaban parte de la rutina diaria dentro del taller.

Muchas de esas herramientas todavía permanecen guardadas como recuerdo de su padre.

Aunque la tecnología permitió acelerar numerosos procesos, el artesano destacó que la experiencia de los trabajadores continúa siendo indispensable.

"Seguimos trabajando con mucha mano de obra calificada", expresó.

En su fábrica, la elaboración artesanal y la participación de personas con muchos años de experiencia siguen teniendo un papel central.

"Lo tomé como una bendición de mi padre"

Uno de los momentos más emotivos de la entrevista llegó cuando Gerardo Zanoni le preguntó qué significaba para él haber sido elegido para realizar los sillones destinados al Papa.

Mehring no dudó en vincular esta experiencia con la historia familiar y el legado de su padre, fallecido hace más de tres décadas.

"La verdad que yo la tomé, desde un principio lo tomé como una bendición primero de mi padre", manifestó.

La posibilidad de que una pieza surgida de aquel taller familiar sea utilizada por León XIV representa para él una satisfacción difícil de comparar con cualquier otro encargo.

El orgullo por la industria de Esperanza y Rafaela

Sobre el final de la conversación, Mehring también destacó la importancia productiva de las ciudades de Esperanza y Rafaela.

Recordó que Esperanza tiene una larga tradición en la fabricación de muebles, mientras que Rafaela se distingue por su desarrollo industrial, especialmente en el sector metalmecánico.

El artesano consideró que ambas ciudades forman parte de una región con una importante capacidad productiva y una historia construida a partir del esfuerzo de generaciones de trabajadores y empresarios.

También planteó la necesidad de brindar mayor respaldo a la industria del interior, que ha logrado sostenerse a pesar de las numerosas crisis económicas atravesadas a lo largo de los años.

La historia de Enrique Mehring demuestra cómo un oficio transmitido de padres a hijos puede abrir caminos inesperados.

Lo que comenzó en 1953 como una fábrica familiar de muebles en Esperanza se convirtió, más de siete décadas después, en un emprendimiento elegido para realizar piezas destinadas a uno de los acontecimientos religiosos más importantes previstos en la Argentina.

Y detrás de cada sillón permanece algo que ninguna máquina puede reemplazar por completo: la experiencia de un artesano, el conocimiento acumulado durante 50 años y el legado de una familia que hizo del trabajo con la madera su forma de vida.

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