
Economías regionales en alerta: varias actividades pasaron más de la mitad de la última década en crisis
Redacción
El diagnóstico sobre las economías regionales vuelve a encender luces de alarma. Un repaso de los últimos diez años muestra que una parte significativa de las producciones del interior atravesó más tiempo en crisis que en una situación de equilibrio o crecimiento, reflejando problemas estructurales que se sostienen más allá de coyunturas puntuales.
De acuerdo con el último relevamiento del “semáforo” de economías regionales que elabora Coninagro, y que fue analizado por el medio especializado Infocampo, ocho de las 19 actividades monitoreadas pasaron más del 50% del período 2016–2025 en zona roja. Entre las más comprometidas aparecen la vitivinicultura y los cítricos dulces, con casi siete de cada diez meses en situación crítica.
También se ubican entre las más afectadas la lechería y el arroz, seguidas por producciones como papa, peras y manzanas y el sector ovino, que acumularon más de la mitad del tiempo con márgenes negativos, caída del consumo o dificultades de mercado.
El escenario actual no muestra grandes cambios. En el último corte mensual, varias actividades continúan en rojo, mientras que otras permanecen en una franja intermedia, sin lograr consolidar una recuperación. Solo un grupo reducido de complejos, como carnes y granos, consiguió una trayectoria más estable en la última década.
El informe también pone el foco en el comercio exterior. En 2025, las economías regionales exportaron más que el promedio histórico, aunque con una fuerte concentración en el complejo granario y el sector bovino. El resto de las producciones explicó una porción mucho menor del ingreso de divisas, lo que deja expuesta la desigual distribución del crecimiento exportador.
Al observar los datos sector por sector, se destacan algunos saltos significativos, como los del tabaco, el arroz, el complejo forestal y la lechería. Sin embargo, estas mejoras no alcanzan para revertir la fragilidad estructural de muchas economías regionales, que siguen dependiendo de precios internos rezagados, altos costos y dificultades de competitividad.
En paralelo, las importaciones crecieron con fuerza en varias actividades, especialmente en cítricos, maní, ganadería bovina y vitivinicultura, lo que agrega presión sobre producciones locales que ya enfrentan márgenes ajustados.
El balance final deja una conclusión clara: pese a algunos avances puntuales y a un mayor dinamismo exportador, una parte importante de las economías regionales continúa atrapada en un estado de crisis casi permanente, con desafíos de fondo que aún esperan soluciones sostenidas.


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