
La fractura que Milei rompió: un análisis de las bases sociales en las elecciones de 2023
Redacción
En un país acostumbrado a que las preferencias electorales se dividan según la clase social o el territorio, las elecciones presidenciales de 2023 rompieron el molde. La victoria de Javier Milei, al frente de La Libertad Avanza (LLA), no solo alteró el tablero político tradicional, sino que también expuso una reconfiguración profunda en las bases sociales del voto.
Un estudio reciente realizado por Martín Astarita, Daniela Barbieri y Pablo Garibaldi —publicado en la revista POSTData— analiza con detalle cómo se compusieron los apoyos sociales a las tres principales fuerzas en competencia: Unión por la Patria, Juntos por el Cambio y LLA. Para ello, utilizaron datos de la Encuesta de Creencias Sociales realizada en mayo de 2023 por el Observatorio Pulsar.UBA y aplicaron un enfoque metodológico inspirado en el politólogo estadounidense Kenneth Janda, que evalúa la atracción, concentración y reflejo de los apoyos partidarios en distintas dimensiones sociales.
Los resultados son elocuentes. Mientras que el peronismo y JxC conservaron patrones tradicionales de respaldo —fuertes en sectores socioeconómicos definidos y con presencia estable en determinados grupos etarios y territoriales—, La Libertad Avanza irrumpió con una base sorprendentemente heterogénea. Ni el nivel educativo ni el ingreso económico ni el lugar de residencia fueron factores determinantes para explicar el voto a Milei. Su apoyo se distribuyó de manera relativamente pareja entre estos subgrupos, algo inédito desde el retorno democrático en 1983.
Sin embargo, donde sí se marcan diferencias sustanciales es en las dimensiones de género, edad e ideología. LLA mostró un sesgo claro hacia los hombres jóvenes —especialmente centennials y millennials— y captó con fuerza a los votantes pro mercado, es decir, aquellos que apoyan reformas económicas de tinte liberal. En contraposición, el peronismo mantuvo un anclaje fuerte en mujeres, generaciones mayores y sectores reacios a las reformas de mercado. Juntos por el Cambio, en tanto, se ubicó como una opción más equilibrada, aunque con mayor peso en sectores de ingresos altos.
El estudio advierte que estas fracturas generacional, de género e ideológica son hoy más relevantes para entender la política argentina que las viejas divisiones de clase o territorio. “La conexión más fuerte entre hombres jóvenes y Milei, y el asiento más concentrado de LLA sobre ese subgrupo, desplaza el valor explicativo de la dimensión socioeconómica sobre la fractura política hacia la cuestión etaria y de género”, afirman los autores.
Este análisis no solo permite comprender cómo se gestó el fenómeno Milei, sino que también ofrece pistas sobre hacia dónde podría evolucionar el sistema político argentino. Si las identidades partidarias se construyen ahora en torno a valores culturales, experiencias generacionales y posturas frente al rol del Estado, entonces la competencia política futura podría parecerse muy poco a la que dominó las últimas décadas.


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